Lo que no se perdona 1

"Pensar Antes De Hablar"

El mensaje sobre la decisión del rey se esparció con rapidez por todo el reino. Algunos habitantes estuvieron de acuerdo y otros expresaron desacuerdo, pero la orden fue cumplida sin excepción.

Samgar permaneció en el palacio hasta la hora de costumbre y, tras cumplir con sus obligaciones, regresó en silencio a su hogar, con el peso de la decisión sobre sus hombros.

Amram, al escuchar la orden irrevocable del rey, sintió un gran peso en su corazón. Se mantuvo firme, pero sus ojos reflejaron tristeza y asombro.

Rápidamente se dirige hacía los aposentos reales donde su padre se encuentra.

El príncipe entra en silencio, y el rey permanece de pie observando el retrato de la antigua reina.

Jacob (en voz baja, mirando el retrato): "Si tan solo estuvieras aquí, sé que todo sería mejor. Nuestro hijo vive una vida de inquietud."

-Te prometí que lo cuidaría con mi vida y así lo he hecho hasta hoy.

Amram (impulsado x los sentimientos): Padre, ¿puedo saber qué te llevó a tomar esa decisión sin considerar mis deseos?

Jacob (sin mirarlo, con gravedad): "No he ignorado tus deseos, hijo mío, sino que también he respetado tu voluntad."

Amram: "No comprendo."

Jacob (girando por fin hacia él): Tu deseo era que no se le impusiera castigo personal a Amira. No lo hubo, solo se dictó que ambos debían mantenerse separados. Pero tu mayor voluntad, lo sé, ha sido siempre cumplir con tu deber ante el reino. Tú mismo lo dijiste, cuando yo te pedí que eligiera a el amor... elegiste el deber x encima de todo. Por eso, he actuado en consecuencia; la decisión honra tus valores y tu palabra. Y no olvides que la corte piensa siempre en lo mejor para ti. Eres dichoso, porque tu destino será guiado por el honor y la responsabilidad.

Amram recibe las palabras de su padre en profundo silencio. Sus ojos reflejan un conflicto entre el dolor personal y la aceptación del deber.

Finalmente, asiente con respeto y, con voz serena pero cargada de emoción, dice:

Amram (con profundo pesar): Padre, sé que tu decisión busca lo mejor para el reino. Aunque mi corazón anhele otra realidad, seguiré adelante con honor, como me enseñaste.

-Yo acepto tú desición, aunque mi alma no encuentre consuelo. Espero que el tiempo sane lo que hoy no se puede remediar.

-Gracias por confiar en mi voluntad y recordarme lo que significa ser digno de este legado.

-Y también, he comprendido algo... Amira no es para mí y estoy seguro de que ella no me ama; solo intenta ser amable conmigo. Ella no valora nada respecto a mí y no deseo forzarla a sentirse bien con mi presencia.

Jacob: Hijo, mide bien tus palabras. A veces, sin darnos cuenta, nosotros mismos ponemos cuchillos en nuestra propia garganta con lo que decimos. La prudencia es la mejor aliada cuando el corazón está herido.

Amram (bajando la mirada, con voz contenida): Entiendo, padre. Haré el esfuerzo por elegir con sabiduría cada palabra, aunque a veces el corazón reclame lo contrario. No deseo traer más dolor ni a usted ni al reino.

El rey mira al príncipe con orgullo y ternura, y le dice:




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