Maroum (Con desesperación): Sí! Porque ese corazón será el que los gobierne. Un corazón roto gobierna con frialdad. Con vacío.
Un largo silencio. El sonido del agua brotando x la fuente era lo único que se escuchaba.
(Amram parecía más adulto de repente).
Amram: Mi deber no es ser feliz, Maroum. Mi deber es ser justo. Y lo justo... lo justo a veces duele.
(Respira hondo)
-He dado mi palabra a mi padre. Y... antes de que la luna esté llena de nuevo, partiré hacia La India y regresaré con Nayra y su familia para celebrar el Shadde y nuestra unión.
Maroum lo mira, y por primera vez no ve a su amigo ese amigo que tanto cuido, sino al futuro rey. Una pared ha caído entre ellos.
Maroum (Voz ronca, derrotada): Entonces no tengo nada más que decir, Alteza.
Maroum hace una reverencia formal, fría, y se da la vuelta para marcharse.
Amram (Su voz lo detiene): Maroum.
Maroum se detiene, pero no se vuelve.
Amram (Con un hilo de voz): Tu deber como Jefe de Guerreros es... protege este reino, a sus Gobernantes y a todos los que viven en él. Por lo que cuestionar la desición de tus superiores no debe de ser tu prioridad.
Maroum asiente, una sola vez, con el rostro contraído. Luego se aleja, y sus pasos se pierden en la oscuridad creciente.
Amram queda solo, mirando la primera estrella de la noche. Sus puños están tan apretados que las uñas clavan su palma.
Amram (Susurrando al viento): Perdóname, mamá. Por si no soy lo que tú querías que yo fuera.
... Mientras tanto en la casa de Amira ...
La puerta se abre poco a poco. Y una figura familiar se asoma en ella...
(El Padre de Amira, Samgar).
Trayendo consigo el frío de la noche y una expresión devastada.
Amira (Sonriendo): Padre! Tan tarde? Tu cena está guardada. Mamá fue a...
Se calla al ver su rostro y aquella sonrisa esbozada se congela en sus labios.
Samgar (No la mira, deja caer su manto en el asiento)
Amira, hija mía...
Se acerca lentamente, como si cada paso pesara una tonelada. Se sienta frente a ella, toma sus manos entre las suyas, tiernas y cálidas.
Samgar: El Rey... ha emitido un edicto.
Amira deja de respirar. Sabe, instantáneamente, de qué se trata.
Samgar (Con voz quebrada): El principe y tú no pueden tener ningún contacto ni unión... ni en el presente ni el el porvenir.
Amira: Lo sé.
El padre aprieta sus manos, sus ojos están llenos de lágrimas que no caen.
Samgar: El Príncipe Amram ha jurado obediencia a su padre y al reino. Ha prometido... ha prometido desposar a la princesa hindú Nayra.
El mundo de Amira se silencia. El crepitar del fuego desaparece y su luz parece oscurecerse.
Saca sus manos de las de su padre, lentamente.
Amira (Con una calma aterradora): Ya veo.
Samgar (Las lágrimas caen ahora): Lo siento, mi niña. Lo siento con toda mi alma. Él... él no luchó. Aceptó el deber.
Amira asiente, mecánicamente. Se levanta y camina hacia la ventana. Afuera, las luces de las antorchas del palacio centellean en la colina, lejanas e inalcanzables.
Amira (dice, sin volverse hacia su padre): Parecía que me amaba pero todo era incierto. Pero lo que más me duele es que yo... yo fui tan tonta... al creer que Amram iba a luchar x nuestro amor.