Lo que no se perdona 1

"EXTRA CAPITULO 16"

Se gira hacia su padre. No hay lágrimas en sus ojos. Solo un vacío inmenso, una aceptación serena y desgarradora.

Amira: No llores, padre. Él ha elegido su camino.
(Absorbe un temblor en su voz)
Y nosotros... nosotros seguiremos con el nuestro. La tela no se teje sola.

Samgar la observa, destrozado por su fortaleza. Amira no rompe a llorar. Simplemente se queda allí, de pie en el centro de la pobre pero digna casa que nunca será un palacio, acariciando el único sueño que le quedó entre los dedos: el deber de seguir viviendo.

Amira se retira lentamente del lugar y se dirige hacía su cuarto.

Al llegar, se sienta en el borde de su cama. Su respiración es entrecortada y se deja caer sobre la almohada, de lado.

Una lágrima solitaria escapa de su ojo, recorre su mejilla y se pierde en la tela de la almohada. Luego otra. Y otra.

Cierra los ojos. La fatía emocional es más fuerte que ella.

Amira: Trate de ser fuerte x mi padre pero en verdad estoy muy herida, dolida.

Poco a poco, su respiración se hace más regular, profunda. El sueño la vence.

... No mucho tiempo después ...

La casa está en silencio y a oscuras. Solo un resquicio del resplandor lunar se cuela por la ventana.

Samgar está sentado en una silla de madera, junto a la puerta de la casa.

No se ha cambiado de ropa. Mira fijamente la puerta. Sus manos, se abren y se cierran sobre sus rodillas.

El tiempo pasa y el sigue ahí.

De repente, un sonido metálico, suave. La llave girando en la cerradura.

La puerta se abre lentamente, con un chirrido apenas perceptible. Adira se desliza al interior. Cierra la puerta con sumo cuidado, sin hacer ruido.

Ella se queda inmóvil en la oscuridad, de espaldas a Samgar. En su mano derecha, apretado contra su capa, lleva un sobre blanco.

Samgar (Su voz es grave, serena, pero corta el silencio como un cuchillo):
Dónde has estado todo este tiempo, Adira?

Adira se sobresalta, se da la vuelta bruscamente.

No puede ver bien su rostro en la penumbra, pero su silueta le tensa.

Samgar (Su mirada se clava en su mano):

Y qué es eso que llevas en la mano?

Adira no responde. Permanece tiesa, como una estatua de piedra en la oscuridad del vestíbulo.

Samgar se levanta. Con un movimiento rápido pero firme, le arrebata el sobre de la mano. Adira hace un amago de resistirse, pero es inútil. Su mano queda vacía, temblorosa.

Samgar no la mira. Se dirige a la cocina.

Y después, se acerca a la luz de la antorcha. La llama parpadea, proyectando sombras danzantes en las paredes.

Con manos que empiezan a temblar, saca una hoja de papel doblada del sobre. La despliega. Sus ojos recorren las líneas escritas a mano, con una caligrafía angulosa y urgente.

La confusión que lo invadía se transformo en incredulidad, y luego en un horror frío y silencioso. Lee en voz baja, para sí mismo, las palabras finales:

Samgar (leyendo, voz ronca):"...Adira, más te vale cumplir con lo que me prometiste. Pronto... Dame a mi hija. Ya mismo."

El papel cruje en su puño cerrado. La llama de la antorcha chisporrotea. Él apaga la antorcha. La oscuridad lo envuelve, pero la quema por dentro.

Samgar regresa a la sala. Adira no se ha movido. Sigue en el mismo sitio, hundida en las sombras.

"FIN DEL CAPITULO 16"




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