Amram (Sobresaltado, volviendo a la realidad): No, ella no es mi prometida. (Amram se pone rígido, su rostro se tensa. La vendedora ha tocado un tema muy delicado).
-Añade: Mi prometida... está lejos.
Vendedora (Confundida): Oh, lo siento, Su Alteza. Asumí que...
Amram (Interrumpiéndola): No importa. Simplemente... elija algunos de los mejores saris. Y envíelos al palacio más tarde, allí le serán pagos y se aleja del puesto, sintiéndose incómodo y expuesto.
Leyla, que ha estado observando la escena con atención, nota la mirada preocupada de Amram y la forma en que sus ojos siguen a Amira. Se da cuenta de que su amiga está sufriendo y decide que es hora de intervenir.
Leyla (Tomando a Amira del brazo con suavidad): Amira, creo que ya hemos tenido suficiente mercado por hoy. Qué te parece si regresamos a mi casa? Necesitas descansar.
Amira (Con la voz temblorosa): Pero... yo...
Leyla (Interrumpiéndola con una sonrisa comprensiva): Nada de peros. Estás agotada. Vamos.
Leyla guía a Amira a través de la multitud, alejándola del puesto de telas y de la mirada de Amram. Amira se deja llevar, sintiéndose agradecida por la presencia y el apoyo de su amiga.
... De Regreso A La Casa De Leyla ...
El sol otoñal, más suave y dorado que en verano, bañaba las calles del pueblo con una luz cálida y melancólica. Las sombras se alargaban, creando un juego de luces y sombras en las paredes de las casas. El cielo, un azul profundo salpicado de nubes blancas, anunciaba la llegada del invierno.
El calor sofocante del verano había desaparecido, dejando paso a un aire fresco y revitalizante. La brisa otoñal arrastraba consigo hojas secas y el aroma terroso de la tierra húmeda.
El pueblo estaba más animado que en verano. La gente salía a disfrutar del clima agradable, paseando por las calles y charlando con sus vecinos. Los niños jugaban entre las hojas caídas, creando montones coloridos y lanzándolas al aire.
El zumbido de las cigarras había cesado, reemplazado por el canto de los pájaros que se preparaban para migrar hacia hacia climas más cálidos. El aroma a especias y pan recién horneado se mezclaba con el olor dulce de las frutas de temporada, como las granadas y los higos.
A medida que avanzaban, Leyla y Amira pasaban por árboles cuyas hojas se teñían de tonos rojizos, amarillos y marrones. Los jardines estaban llenos de flores de otoño, como crisantemos y caléndulas, que añadían un toque de color a la escena.
Leyla y Amira caminaban a paso ligero, disfrutando del clima agradable y la belleza del paisaje otoñal. Respiraban profundamente el aire fresco, sintiendo la energía revitalizante de la naturaleza.
El pueblo, con sus calles empedradas, sus casas de piedra y sus jardines llenos de flores, tenía un encanto especial en otoño. Era un lugar donde la tradición y la belleza se unían en armonía, creando una atmósfera mágica y acogedora.
El camino, aunque salpicado de hojas caídas, era un lugar de encuentro y celebración. Era un reflejo del ciclo de la vida, un recordatorio de la belleza efímera de la naturaleza y la importancia de disfrutar cada momento.
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