El sendero, menos transitado que el camino al mercado, es irregular y pedregoso. A ambos lados, se extiende un paisaje árido y desolado, salpicado de rocas erosionadas por el viento y escasos matorrales espinosos. El sol, que ya se inclina hacia el oeste, proyecta largas sombras sobre la tierra, creando un juego de luces y sombras que realza la sensación de soledad.
A diferencia del camino al mercado, donde abundan los puestos de comida y los vendedores ambulantes, este sendero está prácticamente desierto. Solo de vez en cuando se cruza con algún pastor que guía a su rebaño de cabras o con algún campesino que regresa a su hogar después de una jornada de trabajo en el campo.
El aire aquí es más seco y polvoriento, y el viento sopla con fuerza, levantando remolinos de arena que pican en la piel. Amira se cubre el rostro con su velo para protegerse del polvo y del sol, y sigue adelante con paso firme, guiada por la tenue luz que emana de su hogar en la distancia.
A medida que avanza, el paisaje se vuelve gradualmente más familiar.
Reconoce los contornos de las colinas lejanas, las formas caprichosas de las rocas y los árboles solitarios que marcan el camino.
Finalmente, a lo lejos, divisa las luces de su hogar: la casa de adobe de tres plantas más alta en comparación con las otras que las rodean... digna de admirar. Una sensación de alivio y anticipación la invade mientras acelera el paso, deseando llegar pronto a su hogar.
...
Amira llega a la puerta de su casa, con el corazón latiendo con fuerza. Antes de que pueda llamar, la puerta se abre y su madre aparece en el umbral.
Adira (Con alivio en su voz): Amira, hija mía! Que bueno que has regresado sana y salva! Estaba preocupada, la tarde ya está avanzada.
Amira (Sonriendo): Madre, estoy bien. Acompañe a Leyla al mercado y después regresamos a su casa, cocinamos y almorzamos juntas.
(Mirando a su alrededor):
-Y mi padre?
Adira: En el palacio, cumpliendo con su deber. Ya sabes cómo es, siempre al servicio del rey. Entra, la cena está lista.
(Amira entra en la casa, sintiendo el calor y la seguridad de su hogar envolviéndola. La madre la sigue, cerrando la puerta detrás de ellas).
Amira (Mientras se sienta a la mesa): Gracias, pero no tengo hambre, mamá.
(Cambiando de tema):
-Me encontré con Serag hoy y me dijo que iba a irse a un viaje muy largo.
Adira: Te dijo a dónde iba?
Amira: No, y no me atreví a preguntarle, no después de lo que le hice.
Adira (Mirándola fijamente, cambiando de tema para no abrir viejas heridas): No estás feliz por lo que se aproxima, verdad?
Amira: Ah, lo había olvidado.
Adira (Con incredulidad): Cómo es posible?
(Adira se acerca a Amira, con una mirada comprensiva en sus ojos).
Adira: Mi princesa, yo sé por todo lo que has pasado, pero nunca es tarde para volver a creer en el amor. Nunca es tarde... para volver a empezar. Y la vida no es fácil, pero debes saber que estaré siempre contigo, en las buenas y en las malas. Es más, te tengo buenas noticias.
Amira (Levantando la vista hacia su madre, con una mezcla de escepticismo y curiosidad): Buenas noticias? Qué clase de buenas noticias pueden haber para mí, mamá?
"FIN DEL CAPITULO 20"