Cuando Amira y su familia llegaron el Festival de las Doncellas aún no había comenzado pero la plaza del reino, estaba transformada en un vasto decorado, una obra de arte efímera que respiraba vida y belleza... escenario perfecto para una semana de celebración y alegría.
Una vez en la entrada de la plaza, la carreta es detenida por guardias reales, vestidos con armaduras brillantes y portando lanzas doradas. Samgar se identifica como el Jefe de Defensa del reino, y los guardias los dejan pasar con una reverencia.
Amira observa el bullicio con una mirada apática. Ha presenciado festivales como este innumerables veces, pero esta vez es diferente. Esta vez, ella es una de las doncellas, una participante en un juego que no desea jugar.
Samgar ayuda a Adira y Amira a bajar de la carreta. Los tres saludan a las personas a su alrededor con cortesía
Y luego, admiran la decoración del lugar.
... Decoración Lugar ...
El suelo estaba cubierto x una alfombra larga que parecía la entrada a un jardín encantado invitando a descalzarse y sentir la conexión.
Amira admira con detención la alfombra.
...
(El verde esmeralda de la alfombra era tan profundo y vibrante que parecía ondularse ligeramente, como si fuera un campo de hierba mecido por la brisa. Sus diseños intrincados, con sus motivos florales y geométricos, se revelan poco a poco, invitándola a explorar cada detalle. Y x alguna razón ese color le irradiaba calma y esperanza, un contraste refrescante con el polvo y el calor del camino).
*Verde esmeralda: Símbolo de fertilidad, crecimiento y esperanza.
*La alfombra no es solo un objeto decorativo, sino un portal a un mundo de belleza y armonía. Para las doncellas, representa la promesa de un nuevo comienzo, un lugar donde se puede disfrutar y celebrar la vida.
Y para Amira es un recordatorio de que incluso en los lugares más áridos, la belleza puede florecer.
Las fuentes ornamentales que allí habían sido puestas se habían transformado en cascadas vivientes de flores y enredaderas, murmurando melodías de agua y naturaleza.
Los arreglos florales exuberantes estallaban en cada esquina, una sinfonía de colores y aromas que embriagaba los sentidos.
Rosas rojas, lirios blancos, jazmines fragantes y azahares delicados se combinaban en una armonía perfecta.
Guirnaldas de flores, hojas y ramas entrelazadas adornaban los edificios circundantes, creando arcos y túneles florales que invitaban a la exploración.
Mariposas de colores revoloteaban entre las flores, añadiendo un toque de magia y fantasía.
Las viviendas más cercanas a la plaza estaban bellamente decoradas también.
Los Cojines bordados y alfombras de colores invitaban a sentarse y disfrutar del momento.
La música, suave y natural, llenaba el aire. El murmullo del agua, el canto de los pájaros y la melodía de laúd y flauta se combinaban en una armonía relajante y festiva.
Mesas decoradas finamente se extendían por la plaza cargadas de manjares árabes. Dátiles jugosos, higos dulces, nueces crujientes, pasteles de miel dorados y frutas frescas de todos los colores tentaban el paladar.
La luz del sol, filtrándose entre las flores y las hojas, proyectaba sombras danzantes sobre la plaza, creando un juego de luces y sombras que realzaba la belleza del lugar.
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