Lo que no se perdona 1

Capitulo 23 "Desarrollo De La Época"

La plaza estaba llena de gente, pero no de una manera caótica o abrumadora. Las doncellas, vestidas con sedas de colores vibrantes, se movían con gracia y armonía, como si fueran parte del decorado.

Sus risas y conversaciones llenaban el aire con un sentido de alegría y celebración.

Y ese un espacio vivo, un escenario donde se desarrollaba una historia de belleza, feminidad y comunidad. Era un lugar donde la gente podía escapar de las preocupaciones del mundo y celebrar la alegría de estar vivo.Y ese un espacio vivo, un escenario donde se desarrollaba una historia de belleza, feminidad y comunidad. Era un lugar donde la gente podía escapar de las preocupaciones del mundo y celebrar la alegría de estar vivo.

Pero más allá de la decoración, lo que realmente impresionaba era la atmósfera.

Samgar y su familia se dirigen hacia la plataforma superior donde se encuentran sus Majestades.

En la plataforma, el Rey está sentado solo en su trono, con una expresión melancólica en su rostro. La ausencia de la Reina, fallecida hace años, es un recordatorio constante de la fragilidad de la vida. El Príncipe, vestido con un elegante traje real, está sentado a su lado derecho, con una expresión seria en su rostro.

Al llegar a la base de la plataforma, levantan la vista y hacen una reverencia profunda.

Samgar: Majestad, es un honor presentarme ante usted en este día tan especial.

Jacob (Con una sonrisa amable, desde la plataforma): Bienvenidos, Samgar, Adira y Amira. Siempre es un placer tenerlos aquí.

Amira mantiene la mirada baja, evitando a toda costa cruzarse con la del Príncipe. El edicto real pesa sobre ella como una cadena invisible. No es una ley general para todas las doncellas, sino una prohibición específica, dictada por el Rey influenciado por sus consejeros, después de que Amira, en un arrebato de honestidad, le gritara al Príncipe una verdad que él no quería oír. El Rey lo consideró una falta de respeto imperdonable, y la prohibición se convirtió en su castigo, separándola del hombre al que amaba y convirtiendo este festival en una tortura.

Samgar, después de la reverencia y el saludo al Rey, recibe una señal del monarca. El Rey le indica que tome asiento en un lugar de honor a su lado izquierdo, reconociendo su importante papel como Jefe de Defensa del reino. Samgar asiente con gratitud y se ubica en el lugar designado, desde donde puede observar y supervisar la seguridad del festival.

Adira y Amira se retiran a la plataforma baja. Amira se muestra un poco más tensa que ante.

Amira (Susurrando a su madre mientras observa la multitud): Madre, mira! Hay tanta gente! Siento que todos me están mirando...

Adira (Mirandola a los ojos, tomando la mano de Amira con suavidad): No te preocupes, querida. Simplemente están admirando tu belleza. Recuerda, este es un día para celebrar. Disfruta de la música, los colores y los aromas. Y recuerda que tu padre y yo estamos muy orgullosos de ti, sin importar lo que pase.

Adira pasea nuevamente su mirada por la multitud, buscando a alguien en particular. Sus ojos se iluminan al divisar a Sebna, quien está rodeada de telas y especias en su puesto de comercio. Adira nota que Sebna observa a las jóvenes con una mirada analítica.




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