A pesar de su propio sufrimiento, ella muestra una profunda empatía hacia los demás sirvientes y esclavos, buscando maneras discretas de ofrecer consuelo, compartiendo lo poco que tiene o una palabra de aliento, un eco de la bondad que le enseñaron en Paltania.
La esperanza de reunirse con sus padres y regresar a su tierra desértica es el faro que la guía. A sus veinte años, esa esperanza no es solo un anhelo pasivo; está fermentando en un deseo tangible de acción y escape.
Las habilidades secretas que ha perfeccionado, desde la herbolaria hasta la música codificada, y su aguda capacidad de observación, se están convirtiendo en las semillas de un plan. Elara, la niña secuestrada, se está transformando en una joven dispuesta a luchar por su libertad y, quizás, x la de su pueblo.
... Amram Y Elara ...
Elara se sorprende al escuchar las palabras de Amram. Su rostro se ilumina con una mezcla de alegría y humildad. Hace una reverencia al Príncipe, aceptando su elección.
La multitud murmura con sorpresa. Nadie esperaba que Amram eligiera a Elara, una doncella talentosa pero no particularmente llamativa.
El Rey se pone rojo de ira. No puede creer que Amram lo haya desafiado públicamente.
Se acerca a Badriyyah y le susurra algo al oído, con un tono amenazante.
Badriyyah (Con voz temblorosa se dirige al centro de la plaza y dice): Su Majestad, el Rey Jacob decreta que Elara sea considerada, a partir de este momento, la concubina oficial de Su Alteza Real, el Príncipe Amram.
El anuncio había resonado en toda la Plaza del Reino, un veredicto frío que dejaba a Elara expuesta no solo ante el pueblo, sino ante el abismo de su propio desamor.
El Rey mira a Amram con furia, pero el Príncipe mantiene la compostura. Sabe que ha desafiado al Rey, pero también sabe que ha hecho lo correcto.
Amira, al escuchar el anuncio, siente que el mundo se le viene encima. La humillación y la frustración la invaden. Se tambalea ligeramente, a punto de caer.
Leyla, que ha estado observando la escena con preocupación, se acerca rápidamente a Amira y la abraza discretamente, ofreciéndole su apoyo silencioso.
Leyla (Susurrando al oído de Amira): Lo siento mucho, Amira.
Amira se apoya en Leyla, agradecida x su consuelo. No puede responder, las palabras se le atoran en la garganta.
Amram observa a Amira con tristeza. Sabe que su elección la ha lastimado, pero no podía hacer otra cosa. Espera que algún día pueda entenderlo.
El Rey, al ver a Amira en ese estado, siente una punzada de culpa. Se da cuenta de que ha ido demasiado lejos, y que ha lastimado a la hija de su Jefe de Defensa. Pero su orgullo le impide retractarse.
... Mientras Que ...
Elara sintió cómo sus rodillas flaqueaban, cómo el suelo parecía querer tragársela. Un irtijāf helado la invadió, el mismo que la había asaltado en su tiempo de cautiverio, pero esta vez, la opresión no venía de muros de piedra, sino de la ausencia de amor, de la certeza de que su destino estaba sellado por un mero acto de política, y por la sombra del hombre que una vez la despojó de su libertad, ahora para servirle de cerca.