Elara y Amira continúan conversando en voz baja, compartiendo sus pensamientos y sentimientos. Amira intenta consolar a Elara, ofreciéndole su apoyo y su carisma. Elara, aunque sigue desconfiando de Amira, se siente aliviada de tener a alguien con quien hablar.
Leyla piensa: "Por qué Amira está tan interesada en Elara? Será que está tratando de ganarse su confianza para utilizarla en contra de Amram? Tal vez Amira todavía está enamorada del Príncipe, y quiere vengarse de él por haberla rechazado. Sí, eso tiene sentido. Amira es una mujer inteligente y ambiciosa. No se rebajaría a fijarse en Maroum. Pero sí sería capaz de utilizar a Elara para alcanzar sus propios fines."
Leyla se acerca a Amira y Elara, tratando de ocultar sus celos y su desconfianza. Sonríe falsamente, y saluda con cortesía.
Leyla (Con voz suave): Buenas tardes. Puedo unirme a ustedes?
Amira y Elara levantan la mirada, sorprendidas por la llegada de Leyla. Amira le devuelve la sonrisa, mientras que Elara la observa con cautela.
En medio de la aparente tranquilidad del festival, un temor silencioso se extiende por el reino. Los habitantes, acostumbrados a la imprevisibilidad y la crueldad del Rey, saben que la calma es solo una ilusión.
Saben que su vida es una tormenta constante, y que cualquier momento de paz es solo un respiro antes de la próxima tempestad.
El reino entero contiene la respiración, esperando lo que está por venir. Saben que algo está a punto de suceder, algo que cambiará sus vidas para siempre. Y temen que ese cambio sea para peor.
Samgar (pensamiento): "Como Esperar Lo Mejor Si La Costumbre Grita Q' La Vida Es Dificil... Aqui".
De repente, se levanta de su asiento y comienza a cantar a gritos una canción de guerra que celebra las victorias del reino sobre sus enemigos. La letra, aunque distorsionada por su embriaguez, resuena con el fervor patriótico y la sed de conquista que lo caracterizan, desafinando y olvidando la letra.
El Rey canta una canción antigua, una canción de guerra que celebra las victorias del reino sobre sus enemigos. Pero su voz es ronca y temblorosa, y su interpretación es grotesca y vergonzosa. Los nobles y los plebeyos se miran entre sí con incomodidad, preguntándose qué estará tramando el Rey.
Amira y Elara interrumpen su conversación y miran hacia la plataforma real, con una mezcla de asombro y disgusto. Leyla, que se acercaba a ellas, se detiene en seco, sintiendo una punzada de vergüenza ajena.
El Rey, ajeno a la reacción de la multitud, continúa cantando a gritos, cada vez más ebrio y descontrolado. Su comportamiento es una afrenta a la dignidad real, y una señal de que el reino está a punto de caer en el caos.
Rey (cantando, desafinadamente): Por la arena y el sol, nuestro reino se alza!
Con la espada y el escudo, nuestra gloria alcanza!
Palta caerá, ante nuestro poderío!
Y sus tesoros serán, nuestro gran botín!
Nuestros guerreros son valientes, y sin igual!
Su sangre derramada, es nuestro gran caudal!
Conquistaremos tierras, y mares sin fin!
Nuestro reino será eterno, y sin confín!
Por el Rey y la Reina, nuestro grito será!
Por la victoria y la gloria, nuestra lucha será!
Que tiemblen los enemigos, ante nuestro valor!