Rey (Apartando la poción con brusquedad): No necesito nada! Soy el Rey! Puedo hacer lo que quiera!
El Rey intenta levantarse de la cama, pero se siente débil y mareado. Se tambalea y casi cae al suelo otra vez, pero los hagas lo sostienen a tiempo.
Rey: Suéltenme! Les ordeno que me suelten! Voy a castigarlos por su insolencia!
Los médicos se miran entre sí con preocupación. Saben que el Rey está delirando, y que necesitan encontrar una manera de calmarlo antes de que se haga daño a sí mismo o a los demás.
...
Los hagas intentan en vano acercarse al Rey, quien se resiste con furia, gritando órdenes incoherentes y negándose a recibir cualquier tipo de ayuda. La situación se vuelve cada vez más tensa y frustrante.
De repente, la puerta de la habitación se abre y Amram entra, con el rostro serio y la mirada decidida. Los hagas se apartan a un lado, cediéndole el paso.
Amram (Con voz firme): Padre!
El Rey se detiene en seco al escuchar la voz de su hijo. Lo mira con confusión, como si no lo reconociera.
Rey: (Con voz arrastrada): Amram... Qué haces aquí? Por qué no estás celebrando mi victoria?
Amram (Acercándose a su padre con cautela): Padre, necesitas descansar. Has sufrido una caída, y necesitas que te curen las heridas.
Rey (Negando con la cabeza): No necesito nada. Estoy bien. Soy el Rey, y puedo hacer lo que quiera.
Amram (Tomando la mano de su padre con suavidad): Lo sé, padre. Pero por favor, déjame ayudarte. Déjame cuidar de ti.
El Rey mira a Amram a los ojos, y por un momento, parece recuperar la lucidez. Ve en los ojos de su hijo una mezcla de amor, preocupación y determinación. Y por primera vez en mucho tiempo, siente una punzada de arrepentimiento.
Rey (Con voz temblorosa): Amram... Perdóname.
Amram abraza a su padre con fuerza, sintiendo que las lágrimas le brotan de los ojos.
Amram: No tienes nada que perdonar, padre. Yo te perdono.
Amram se separa de su padre y se dirige a los médicos.
Amram (Con voz autoritaria): Cúrenlo. Háganlo con cuidado, y asegúrense de que no sufra.
Los hagas asienten con la cabeza y se acercan al Rey, que ahora se deja atender sin resistencia. Amram los observa con atención, asegurándose de que todo salga bien.
En la plaza del reino, Amira, Elara y Leyla continúan conversando, preguntándose qué estará sucediendo en el palacio. Saben que el futuro del reino está en juego, y que deben estar preparadas para lo que sea que venga.
Mientras los hagas atienden al Rey en el palacio, Amram se retira a una sala contigua. Necesita un momento de soledad para procesar todo lo que ha sucedido y para planificar sus próximos pasos.
Amram se sienta en un sillón y cierra los ojos, tratando de ordenar sus pensamientos. Sabe que ha llegado el momento de tomar decisiones importantes, decisiones que afectarán el futuro de su reino. Pero no sabe por dónde empezar.
Amram (Piensa): "Mi padre ha sido un tirano. Ha oprimido a nuestro pueblo, ha provocado guerras innecesarias, y ha utilizado a las mujeres como objetos. Pero también es mi padre, y lo amo. No quiero que muera, pero tampoco quiero que siga gobernando de la misma manera."
Amram abre los ojos y mira a su alrededor. Ve los símbolos del poder real: la corona, el cetro, el trono. Se pregunta si está preparado para asumir esa responsabilidad.
Se pregunta si tiene la fuerza y la sabiduría necesarias para gobernar un reino.