Lo que no se perdona 1

"Ideas"

Amram piensa: "Debo cumplir con mis deberes como Rey, pero también debo honrar la tradición del festival. Debo encontrar una manera de equilibrar ambas cosas, y demostrar a mi pueblo que soy un líder capaz y compasivo."

Amram decide que, a pesar de todo, el festival debe continuar. Sabe que el pueblo necesita un momento de alegría y distracción, y que cancelar el festival solo aumentaría la tensión y el descontento. Pero también decide que el festival debe ser diferente, más sobrio y reflexivo.

Amram convoca a sus consejeros y les explica su decisión. Les pide que organicen el festival del día siguiente, pero que lo hagan de una manera más modesta y significativa. Les pide que incluyan actividades que promuevan la unidad, la justicia y la compasión.

Los consejeros, aunque sorprendidos por la decisión de Amram, obedecen sus órdenes y comienzan a hacer los preparativos necesarios.

En el palacio, los preparativos para el segundo día del festival están en marcha. Los consejeros de Amram, aunque inicialmente escépticos, se han entregado a la tarea con diligencia. Han organizado una serie de actividades que reflejan la visión de Amram de un reino más justo y equitativo.

En lugar de los habituales espectáculos de gladiadores y las competencias de baile, se han programado debates sobre temas importantes, como la justicia social, la igualdad de género y la protección del medio ambiente. También se han organizado talleres de artesanía y música, donde los plebeyos pueden mostrar su talento y creatividad.

Amram decide que el festival del día siguiente se centrará en la figura de la Reina Madre, su difunta madre, a quien el pueblo amaba y respetaba por su sabiduría y su compasión. Decide que se leerán sus discursos y se contarán historias sobre su vida, para inspirar a la gente a seguir su ejemplo.

Amram también decide que se liberarán a algunos prisioneros de guerra, como un gesto de buena voluntad y un símbolo de su compromiso con la paz. Pero insiste en que solo se liberen a aquellos que no hayan cometido crímenes graves, y que hayan demostrado un sincero arrepentimiento.

... Esa Noche En Todo El Reino ...

La noche había descendido sobre el reino como un manto de terciopelo salpicado de estrellas. El aire, antes cargado de la fragancia de las flores y el murmullo de las multitudes que admiraban la belleza y la elegancia de las doncellas en las plataformas iluminadas, ahora se sentía más denso, cargado de la expectación de un anuncio importante.

Las luces parpadeantes de las antorchas proyectaban sombras alargadas y danzantes sobre los muros del palacio, y la música, que antes era festiva, ahora sonaba con un tono más solemne, casi reverencial.

Cientos de personas se congregaban en las plataformas, sus rostros iluminados por las llamas parpadeantes de las antorchas, mientras el aroma de las flores exóticas se mezclaba con el dulzor de las ofrendas.

Amram, se encontraba en uno de los balcones superiores del palacio, observando el bullicio de abajo. La caída de su padre, el Rey Jacob, durante la tarde –un lamentable accidente provocado por el exceso de vino fermentado y la debilidad de un monarca ya mermado– había dejado al reino en un limbo de incertidumbre.




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