Amram (Se sentó de nuevo, su mirada fija en Maroum): Precisamente. Y es por eso que ciertas reformas son necesarias. Reformas que aseguren que el reino no se desmorone. Reformas que fortalezcan nuestras defensas, no solo externas, sino internas.
-(Hizo una pausa, evaluando la reacción de Maroum): Y para ello, necesito consejeros de confianza. Hombres capaces. Hombres que entiendan la importancia de la lealtad al trono, por encima de todo.
Maroum (Percibiendo la oportunidad, su interés se agudizó): Entiendo, Alteza. Mi deber es asegurar la estabilidad y la prosperidad del pueblo.
Amram (Su mirada se volvió más intensa, como si estuviera probando a Maroum): Y el deber de todos es asegurar que el reino, bajo mi mando, sea fuerte. A partir de esta noche, se emitirán nuevos decretos. Se reestructurarán algunos cargos. Y la seguridad del reino será mi máxima prioridad. Espero contar con vuestra total cooperación, señor Maroum.
Maroum asintió, su mente trabajando a mil por hora. Había logrado su objetivo: plantar la semilla de la duda, presionar al joven príncipe, y hacerle sentir el peso de su "vigilancia". La información sobre el Rey era secundaria; lo importante era que Amram se sintiera expuesto, observado.
...
La visita había comenzado con la excusa de la salud del Rey, pero el príncipe sentía que había mucho más bajo la superficie de las palabras serviles de Maroum.
Maroum (Su voz se suaviza, adoptando un tono de camaradería cuidadosamente calibrada. Ya no era el influyente líder popular que había entrado, sino alguien que pretendía ser un confidente): Alteza... permitidme aconsejaros algo. No como el líder influyente de los guerreros de nuestro pueblo, ni como aquel que puede agitar las masas si fuera necesario... sino como un amigo. Un amigo que ha visto de cerca las debilidades de este reino.
Amram se enderezó, su atención completamente captada.
La formalidad se desvanecía, revelando la verdadera intención.
Maroum (Se acerca un paso, su mirada se vuelve más intensa, casi evaluadora): Mi señor príncipe... el Rey Jacob, vuestro padre, ha sido un monarca... benevolente. Pero la benevolencia a veces se confunde con la debilidad. Y la debilidad, como habéis visto, puede llevar a la imprudencia.
Amram permanecía en silencio, asintiendo levemente, esperando.
Maroum (Continúa, su voz bajando a un susurro cómplice): El festival, las doncellas, la pompa... todo es una distracción. El verdadero poder no reside en estas demostraciones. Reside en la lealtad de las personas, en el control de los recursos, en la capacidad de tomar decisiones difíciles... incluso aquellas que desagradan.
Se detiene, permitiendo que sus palabras calen. Luego, prosigue, con una sutileza que esconde una directiva clara.
Amram: Y precisamente, estaba considerando la necesidad de cambios en mi consejo.
Maroum: No habéis hecho bien en idear cambiar a algunos consejeros. La lealtad es un bien escaso. Y la verdadera fuerza... reside en aquellos que pueden traer el orden.
-(Añade, Interrumpiendo suavemente, su plan ya en marcha): Alteza, permitidme ser franco. He escuchado las preocupaciones del pueblo. Muchos sienten que la estabilidad del reino se ve amenazada no solo por la ausencia del Rey, sino por las decisiones que se toman en su nombre.
Amram (Confundido, con el ceño fruncido): Decisiones? A qué te refieres? Y por qué crees q' no es una buena idea.