Lo que no se perdona 1

"La Voluntad Impulsiva Del Principe"

Maroum: (Con una voz cuidadosa, plantando la duda) Las decisiones impulsivas, Alteza. Las que se toman sin la debida reflexión. He notado que, en vuestra juventud, podéis tender a actuar por impulso. Mantener a los consejeros actuales del Rey, hombres que conocen los entresijos del poder y las viejas alianzas, podría ser más prudente por ahora. A veces, el problema no son los consejeros, sino la falta de una dirección clara y firme.

Amram se detuvo a pensar. La sugerencia de Maroum, aunque extrañamente contradictoria a su anterior insistencia en que él, Maroum, debía ser un consejero clave, le pareció lógica. Quizás era mejor mantener a los consejeros actuales, aquellos que servían a su padre, y así evitar la inestabilidad de un cambio radical y apresurado.

Amram (Reflexionando): Quizás tengáis razón, Maroum. El cambio puede generar más caos ahora. Mantendré a los consejeros actuales. Su experiencia es valiosa.

Maroum (Asintiendo con satisfacción, aunque su verdadera agenda iba mucho más allá): Una decisión sabia, Alteza. La estabilidad es primordial. Ahora, sobre vuestra necesidad de una mano firme...

Maroum continuó con su manipulación, introduciendo las ideas sobre la necesidad de reformar las defensas, pero siempre guiando la conversación hacia sus verdaderos objetivos.

... Y Una Vez Q' Hubo Concluido La Platica De Esos Asuntos ...

Maroum se inclinó ligeramente hacia adelante, su mirada fija en Kaelen, la intensidad en sus ojos ahora más evidente. La apariencia de amigo se desvanecía, revelando la calculadora ambición que lo impulsaba.

Maroum (Su voz baja a un tono más íntimo y manipulador): Y... creo que ha llegado la oportunidad de luchar por aquello que tanto amas, Alteza.

Amram lo miró, desconcertado. La mención de sus "amores" lo tomó por sorpresa, especialmente viniendo de Maroum.

Príncipe (Con una ceja arqueada, tratando de descifrar la intención oculta): Hablas de... Amira? Por qué dices eso, Maroum? Qué oportunidad crees que ha llegado? Si es sobre ella, no veo caso de...

Se detuvo. La prohibición de su padre sobre Amira era un dolor latente, una barrera que él intentaba sortear con astucia.

Maroum (Una sonrisa de suficiencia se dibujó en sus labios. Había acertado. El nombre de Amira resonó como una nota discordante en la mente de Amram): Siempre hay una forma de arreglar las cosas, Alteza. Incluso las prohibiciones más antiguas. Un edicto real puede ser... flexible. Puede ser reinterpretado. O, mejor aún, puede ser el origen de una estrategia.

Maroum hizo una pausa deliberada, saboreando el momento.

Maroum: Como por ejemplo, una lección. Un castigo. Algo que demuestre la autoridad del nuevo soberano y, al mismo tiempo, cree una situación de proximidad.

El nudo se formó en la garganta de Amram. La implicación era aterradora y, a la vez, extrañamente seductora, dadas sus propias intenciones.

Príncipe (Con un hilo de voz, la sorpresa y el horror mezclados en su rostro): Quieres... que castigue a Amira? Tú sugieres que yo, el príncipe, la castigue?

Maroum (Asintió lentamente, sus ojos brillando con una malicia calculada): No un castigo cruel, Alteza. Un castigo que la acerque a vuestro lado. Un castigo que la obligue a presentaros su lealtad directamente.

Un castigo que, a los ojos del pueblo, sea una medida de disciplina, pero que en realidad sea vuestro primer paso para tenerla... cerca. Como vosotros mismo habéis comenzado a orquestar.




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