Lo que no se perdona 1

"La Trampa Del Consejo: Amira Como Peón Del Principe"

Maroum se detuvo, observando el conflicto en el rostro de Amram. Había plantado la semilla, y ahora esperaba ver cómo germinaba.

Príncipe (Con un nudo en la garganta, sorprendido y abrumado): Puedes ir directo al grano, Maroum. No me ando con rodeos cuando se trata de algo así.

Maroum (Su sonrisa se ensancha, sabiendo que ha tocado la fibra correcta): Por supuesto, Alteza. Recordad la ley, una ley que a menudo se olvida pero que es muy poderosa: todo aquel que es castigado por un edicto real tiene el deber de estar bajo la autoridad directa de quien lo acusa, para servirle hasta que la pena sea cumplida.

Amram lo miró, la rueda de su mente girando. La ley era antigua, pero la implicación de Maroum lo inquietaba.

Príncipe: No creo que mi padre, el Rey, pueda ayudarme con esto. Él nunca lo haría, y mucho menos ahora. No permitiría que Amira sirviera... así.

-Además... Amira es hija no solamente del Jefe de Defensa del reino sino también... de un miembro de la corte real.

Maroum: (Su voz se vuelve aún más persuasiva, casi susurrante) Esa es precisamente la ventaja, Alteza. Vuestro padre está debilitado, y aunque su edicto original prohibía la unión, él no está en posición de interferir activamente en vuestras decisiones sobre castigos. Tenéis ese poder en vuestras manos ahora. Y... esa sería una gran consideración teniendo en cuenta q' su padre es miembro de la corte real.

Príncipe: (Luchando contra la lógica retorcida de Maroum, pero sintiendo la presión) Pero no quiero traicionar a mi padre. El edicto fue suyo, su voluntad...

Maroum: (Interrumpiéndolo suavemente, pero con firmeza) No os he dicho que traicionéis a vuestro padre, Alteza. Os digo que actuéis con la autoridad que ahora reside en vos. Si él no os pidió vuestra opinión para prohibir algo, x qué deberíais pedirle permiso para usar vuestra voluntad para gestionar un castigo? Es vuestro edicto, vuestra decisión.

Amram se quedó perplejo, la lógica de Maroum era retorcida pero insidiosa, apelando a su recién adquirida autoridad y a su deseo por Amira.

Príncipe (Con el ceño fruncido, luchando contra la idea, pero fascinado x la posibilidad): Cómo sugieres que lo haga, entonces?

Maroum (Una sonrisa astuta ilumina su rostro): Emitid otro edicto. Uno que declare que el "castigo" original impuesto sobre Amira no ha sido suficiente para enseñarle la debida lección de respeto a la autoridad. Y que, por lo tanto, como parte de su penitencia, debe servir directamente a la corona. Serviros a vos, Alteza. Para que aprenda a respetar la autoridad de quien ahora ostenta el poder real.

Príncipe (Lo mira, atónito): Es ridículo! Declarar que su lealtad debe ser servida por un "castigo"?

Maroum (Con una convicción absoluta): Por supuesto que no es ridículo, Alteza. Es vuestra oportunidad. Tenéis el anillo real del Rey en vuestras manos, la autoridad para firmar decretos. Y podéis darle un título, un propósito oficial, que os permita tenerla todos los días a vuestro lado.

Príncipe (Sus ojos se abren un poco más, imaginando la posibilidad, pero también la complejidad): Hablas de... otro matrimonio. Ya sabéis que el edicto lo prohíbe.




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