Maroum (Sacudiendo la cabeza con una sonrisa condescendiente): Por supuesto que no hablo de matrimonio, Alteza. Eso sería desafiar directamente a vuestro padre, algo que entiendo que queréis evitar. Hablo de algo más sutil, más estratégico. Declaráis que Amira se convierta en vuestra Consejera y Confidente Real Única. De esta manera, estará obligada a estar a vuestro lado todos los días, en todas las deliberaciones importantes. Y, como parte de este nuevo rol, y para asegurar su compromiso absoluto, se le impondrá este supuesto "castigo" de servicio continuo.
Lograréis mucho más juntos, Alteza. Tendréis su lealtad asegurada, su presencia constante, y el pretexto perfecto para tenerla cerca.
Amram miró a Maroum, la propuesta era audaz, maquiavélica, pero terriblemente efectiva. La idea de tener a Amira a su lado, bajo su protección y bajo su completa influencia, apelaba a su amor y a su ambición. La ley, el edicto, el anillo... todo se alineaba de forma inquietante.
Príncipe (Después de un largo silencio, con un nudo en la garganta, pero con una nueva determinación brillando en sus ojos): Buscad a mi escriba. Que se prepare el pergamino. Que se haga como dices.
...
En la penumbra de la sala de deliberación, mientras las últimas luces del festival aún se filtraban por las ventanas, Maroum se dirigió a un guardia que esperaba discretamente cerca de la puerta. La decisión del príncipe, aunque tomada bajo la influencia de Maroum, era ahora el motor de la acción.
Maroum (Con una voz que ya no ocultaba su autoridad, dirigiéndose al guardia): Ve. Busca al escriba real. El más diligente, el que pueda redactar un edicto con la máxima discreción y rapidez. Trae un pergamino nuevo y el sello del Rey. El Príncipe tiene una orden que emitir.
El guardia, acostumbrado a las órdenes de Maroum en asuntos del pueblo y ahora sintiendo una nueva capa de autoridad emanada del príncipe, asintió sin cuestionar y salió de la sala.
Pasaron unos minutos, el silencio solo roto por el sonido lejano de la música del festival. Amram jugueteaba con el anillo real en su dedo, su mente llena de la imagen de Amira y el conflicto que la idea del "castigo" le generaba. Maroum, mientras tanto, observaba la puerta con impaciencia, ansioso por materializar su victoria.
Finalmente, el guardia regresó, seguido de cerca por un escriba de edad mediana, con el rostro pálido y los ojos agudos, acostumbrado a la prisa y a la seriedad de las órdenes urgentes. El escriba llevaba en sus manos un pergamino recién desenrollado y el pesado sello de cera, listo para ser calentado.
*Escriba: Adil.
Escriba (Con voz respetuosa y ligeramente temblorosa): Mi Príncipe, Señor Maroum. Cuál es vuestra orden?
*El plan de comunicación estaba diseñado para ser multifacético, dirigido a las mismas audiencias con propósitos específicos.
Maroum (Dirigiéndose al escriba, con un tono autoritario que indicaba la importancia de la tarea): Atended con atención.
Adil, con pluma en mano, se acercó a la mesa, listo para plasmar las palabras que sellarían el destino de Amira y consolidarían la influencia de Maroum. Amram observó la escena, un escalofrío recorriéndole la espalda, consciente de que cada palabra que se escribiera ahora lo acercaría a Amira, pero también los sumergiría más en la oscura telaraña de Maroum.
"FIN DEL CAPITULO 31"