3. El Segundo Edicto: La Sentencia de Amira (La Jugada Maestra de Maroum):
Una vez redactado el edicto sobre los consejeros, Maroum dio un paso más, su voz adquiriendo un tono más confidencial.
Maroum (Al Príncipe): Y ahora, Alteza, para abordar la cuestión que realmente importa... la necesidad de reafirmar vuestra autoridad de la manera más personal. Vuestra decisión sobre Amira.
Amram asintió, la imagen de la tristeza de Amira aún clavada en su mente.
Maroum (Dictando el edicto sobre Amira, tal como se redactó anteriormente): "Yo, Amram, Príncipe Regente y custodio del trono del Rey Jacob, x la presente, y en virtud de mi autoridad soberana, declaro: Habiendo observado que la lección impuesta a Amira, hija del Jefe de Defensa Samgar, por su desobediencia y falta de respeto a la autoridad real, q' no ha sido suficiente para inculcarle la debida disciplina y lealtad, se decreta que dicha Amira, como parte de su penitencia y para asegurar su aprendizaje en el respeto a la autoridad, debe servir directamente a la corona. Se le asignará el título de 'Consejera y Confidente Real Única', obligada a estar en presencia del Príncipe Regente en todo momento de deliberación y decisión. Su servicio será a tiempo completo y bajo su supervisión directa, hasta que la corona considere que ha aprendido la verdadera naturaleza de la obediencia y la autoridad.
Adil escribió con celeridad, su mano moviéndose con destreza, aunque su mente no podía dejar de notar el detalle de "desobediencia" y "falta de respeto", términos que no coincidían con la Amira que él conocía: una joven dedicada a su deber.
Y al escribir la frase "Consejera y Confidente Real Única", se detuvo por un instante. Era un título inusual, y la justificación del "castigo" para un rol de tanta cercanía sonaba... contradictoria.
La sorpresa se reflejó fugazmente en su rostro, pero la mirada de Amram, fija en él, le recordó su deber.
Amram (Dice a Adil q' añada en el edicto): La presente disposición, al ser un asunto de alta seguridad y disciplina real, no requiere de la aprobación del consejo en pleno, y entra en vigor de forma inmediata."
-Sella el pergamino.
Adil, sintiendo la urgencia y el peso de la orden, terminó de escribir y presentó el pergamino.
... Antes De Firmar El Edicto ...
El fuego de los braseros proyectaba sombras alargadas sobre el gran salón del palacio, un espacio que resonaba con la tenue muralla de la música festiva del exterior. El príncipe, con el peso del anillo real frío en su dedo, se sentó frente al pergamino extendido. La tinta, oscura y solemne, esperaba la orden que reescribiría, en parte, el destino de su reino y, sin duda, el suyo propio.
Observo a Maroum y a Adil...
Y Amram, con un valor nacido de la desesperación y el amor, iba a imponer un nuevo orden. Y sabia q' ahora venía el golpe maestro.
Con un trazo firme, selló la decisión con la impronta familiar del anillo de su padre. Presionó el sello sobre la cera caliente, símbolo de autoridad inquebrantable, ahora representaba su voluntad.
No era solo un acto de gobierno, era un acto de desafío velado, pero también la atracción por la posibilidad de tener a Amira cerca.
El edicto estaba hecho. La ley se retorcía, el amor se convertía en una herramienta, y el futuro de Amira, y quizás el del reino, se sellaba en esa noche.