"Maroum debió haberle aconsejado esto. Él es el que manipula las cosas. El Príncipe está cayendo en sus redes."
"Y el Rey? Dónde está el Rey para detener esto? Si tan solo estuviera despierto..."
En medio de estos murmullos, la gente se dispersaba, llevando consigo las preguntas y las dudas, alimentando las intrigas que apenas comenzaban a germinar en el reino.
Amira se sentía como si hubiera recibido un golpe directo al corazón. La tristeza que la había embargado en la plataforma real se profundizó.
No era solo x la crueldad del edicto de Amram, sino la dolorosa ironía de que su amor, que ella creía correspondido y que había salido a la luz, ahora se viera pervertido en un acto de humillación pública. El "castigo" por "desobediencia" era una mentira flagrante. Ella nunca había desobedecido, solo le grito xq' no aguanto la humillación (Razón x la q' fue lanzado el primer edicto. Lo que Amram le había hecho era un reflejo de su propia debilidad o, peor aún, de la influencia de Maroum.
"Consejera y Confidente Real Única?", pensó Amira con amargura.
Ser su confidente cuando él la había tratado con tanta frialdad, usando su posición y la ley para acercarla de la manera más deshonrosa?
Quién era ella realmente, si su linaje era un secreto y su presente un escenario de manipulación? El amor que sentía por Amram se sentía ahora como una carga, un sentimiento traicionado por sus acciones.
Samgar, el Jefe de Defensa, sintió una oleada de furia helada recorrerle el cuerpo. La humillación pública de su hija, la mentira del "castigo" por "desobediencia"... eran inaceptables. Su lealtad al reino y al Príncipe Regente era incuestionable, pero su deber como padre y protector se disparó. Observó a Amira, su rostro pálido, y sintió una punzada de impotencia ante la situación.
Desobediencia?", pensó con rabia. Amira era la encarnación de la disciplina y el deber. Esta farsa era una afrenta no solo a su hija, sino a su propio honor como Jefe de Defensa. La presencia de Maroum, con su sonrisa sutil, le revolvía el estómago. Sabía que este edicto era una jugada, una manipulación, y no le gustaba en absoluto. Su deber ahora era doble: proteger a su hija de las garras del poder y, quizás, encontrar la manera de contrarrestar esta injusticia.
La idea de que Amira tuviera que servir directamente al Príncipe como "confidente" era una sentencia que le resultaba insoportable.
Adira observó a su hija, la tristeza en su rostro tan evidente que le oprimió el corazón... ahora, la situación se sentía aún más compleja y dolorosa. El edicto del príncipe Amram era una burla a todo lo que ella había intentado proteger.
"Mi pobre niña", pensó Adira. "Sufre por un amor que la ha llevado a esta situación, y ahora, la verdad de su origen solo añade más incertidumbre a su vida. El Príncipe Amram, que ella amaba, la está tratando con una crueldad que solo puede venir de la influencia de Maroum, o de una desesperación propia." Adira sentía una mezcla de profunda tristeza por Amira y una frustración impotente ante las maquinaciones de la corte.
Adira (Pensamientos): Y yo q' pensaba q' era el destino q' había unido sus corazones con el proposito de organizar la verdad q' no se puede negar y q' tarde o temprano todo se esclareceria.