Lo que no se perdona 1

"Consuelo Entre Paredes"

Amram, desde la plataforma real, sintió el peso de todas esas miradas, de todas esas interpretaciones, pero su atención seguía fijada en la figura de Amira, su tristeza un enigma que apenas comenzaba a descifrar.

Mientras la multitud se dispersaba, aún discutiendo en voz baja el sorprendente edicto, Amram descendió de la plataforma real, su mirada buscando al Jefe de Defensa Samgar. El militar se encontraba de pie, con la rigidez de siempre, pero su rostro reflejaba una inquietud que solo un padre podía sentir al ver a su hija en el ojo de una tormenta política.

Amram se acercó a Samgar, su voz ahora más baja, despojándose de la resonancia pública.

Príncipe: Jefe de Defensa Samgar, os doy las gracias por vuestra presencia y vuestra lealtad. Sin embargo, dado el nuevo nombramiento de vuestra hija, y la necesidad de que ella se concentre en sus nuevas funciones, os permito marcharos a casa con vuestra familia. Es todo x hoy.

Samgar, aunque visiblemente afectado por la situación de su hija, entendió la orden. Era una forma de mantener las apariencias, de dar una excusa para su partida y la de su esposa, Adira.

Samgar (Haciendo una pequeña reverencia, su voz firme a pesar de la turbación interna): Como ordenéis, Alteza. Mi lealtad es al trono y al bienestar del reino.

Con esas palabras, Samgar se dirigió hacia donde se encontraban su esposa Adira y su hija Amira, quien seguía rodeada por Leyla. El encuentro de las dos familias fue breve y cargado de significado no dicho. Samgar posó una mano tranquilizadora sobre el hombro de su hija, mientras Adira la abrazaba con fuerza, susurrando palabras de consuelo y preocupación.

Leyla, a su lado, mantenía una expresión de apoyo incondicional.

Una vez reunidos, el pequeño grupo se retiró discretamente del bullicio del festival.

... Hogar ...

Dejando atrás el brillo superficial del festival y la tensión pública del edicto, Samgar, Adira y Amira junto con la familia de Leyla se dirigieron a sus hogares. El contraste con el palacio era marcado: los muros eran más cálidos, la luz más suave, y el aire olía a hogar.

Al llegar a la casa...

Samgar, el Jefe de Defensa, el pilar de fortaleza para el reino, se sintió abrumado por el cansancio y el estrés de un día que había sido más agobiante que cualquier batalla. Se dejó caer en una silla del comedor, su cabeza entre las manos.

Adira, que lo observaba con preocupación desde que habían entrado en casa, se acercó a él con movimientos serenos.

La angustia por su hija y la tensión de la situación la afectaban también, pero su prioridad en ese momento era el bienestar de su esposo.

Adira (Con dulzura, extendiendo una mano para acariciar su mejilla): Lo sé, mi amor. Has tenido un día muy difícil. El peso del reino parece descansar sobre tus hombros, además de la preocupación por Amira.

Luego... (Adira): Sacó de un pequeño cofre de madera tallada, que guardaba en un estante cercano, un pequeño mortero y una mano de pilar. Con movimientos hábiles y precisos, comenzó a machacar unas hierbas secas, con un aroma terroso y penetrante.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.