Lo que no se perdona 1

"Herencia..."

Adira (Seca sus lágrimas, mira hacia arriba, hacia las sólidas placas del techo, antes de volverse hacia su hija): Amira, querida… acércate. Antes de que el sueño nos venza y lo olvide, tengo algo para ti.

(Adira introduce la mano en el jayb, el bolsillo oculto en el forro de su túnica. Sus dedos encuentran el metal frío y lo extrae con cuidado. El colgante es una pieza de oro macizo, tallada con la forma de una estrella de ocho puntas, con un pequeño rubí en el centro que parece encenderse con el fuego de las antorchas).

Amira (Sus ojos brillan al ver el destello del oro): Madre, es… es magnífico.

Adira: Ven aquí, deja que te lo coloque.

(Adira se pone en pie. Con un movimiento lento y lleno de ternura, aparta el largo cabello ondulado de Amira, despejando su cuello. Sus dedos, acostumbrados a las labores de la casa, se mueven con una destreza casi sagrada al abrochar la fina cadena

Amira (Siente el peso del oro contra su piel y se lleva una mano al pecho, sintiéndose de pronto más fuerte, más mujer): Gracias, madre. Es el regalo más preciado que he recibido en mis dieciocho años.

Adira: (La observa con orgullo, sus ojos reflejando la luz de las antorchas). Este colgante es único y especial, Amira. Mi propia madre me lo entregó cuando yo tenía apenas cuatro años, y desde entonces ha sido mi amuleto y mi compañía. Ahora es tuyo.

(Adira sostiene el colgante entre sus dedos, mirando a su hija con una seriedad profunda).

Adira: Quiero que lo cuides como si fuera tu propia alma. Mi deseo es que este oro no se pierda en el tiempo; quiero que pase a las próximas generaciones venideras, para que nuestra historia permanezca viva en el cuello de quienes nos seguirán.

Amira (Mirando a su madre, el calor del gesto abriendo una pequeña grieta en su desconfianza): Me alegra saberlo, madre.

Y ahora con mi nueva posición... cómo haré para ayudarte con los quehaceres del hogar?

Adira (Con una sonrisa reconfortante): No te preocupes, linda. A partir de mañana, tendré una empleada a mi disposición. Tú solo concéntrate en tu nuevo deber.

Adira la abrazó con fuerza, un abrazo maternal que intentaba transmitir consuelo, protección y un amor incondicional.

Adira: Ahora, mi princesa bella, necesitas descansar. Si algo tienes que aprender en esta vida es que, pase lo que pase, siempre debes mostrar una sonrisa. Debes decirle a tu debilidad: "Tengo que ser fuerte y seguir adelante".

Amira se aferró a su madre, buscando el refugio seguro en sus brazos. Las palabras de Adira, un eco de sabiduría y resiliencia, resonaron en ella, una promesa de apoyo en medio de la incertidumbre que se avecinaba.

Amira (Aferrándose a su madre, sintiendo la calidez del abrazo): Gracias, mamá. Realmente tus palabras me alientan.

A pesar de la gratitud sincera que sentía por el gesto y el consejo de su madre, una pequeña reserva persistía en el corazón de Amira. Sabía que Adira estaba tratando de protegerla, pero la sombra de los secretos aún se cernía sobre ellas, y la verdad completa sobre su origen y la identidad de su padre biológico aún no se habia revelado del todo.

Adira, sintiendo la necesidad de darle a Amira un espacio para procesar y descansar, la abrazó una última vez.

"FIN DEL CAPITULO 34".




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