Adira (Pensamientos): "Delirios? Ojalá fueran solo eso, Samgar. Ojalá el miedo que te consume fuera solo el cansancio de un hombre que ha visto demasiadas batallas. Pero tú no sabes lo que yo sé... tú no sentiste el peso de ese colgante en mis manos hace un momento, ni viste cómo la luz de la antorcha parecía reconocerla a ella, como si el oro mismo estuviera esperando su regreso."
Adira aprieta los puños, sus nudillos se vuelven blancos bajo la luz tenue.
"Dieciocho años viviendo sobre un lecho de brasas. He tejido mentiras tan finas como la seda de mis vestidos, creyendo que si las mantenía lo suficientemente apretadas, el secreto nunca se escaparía. Pero el príncipe Amram... él no es un hombre que pase nada por alto. Y Amira, con esa mirada que heredó de quien no debe ser nombrado, se está acercando demasiado al fuego."
Mira hacia las escaleras por donde subió Samgar, sintiendo una punzada de culpa.
Perdóname, Samgar. Te obligo a cargar con este peso a ciegas, mientras yo guardo la llave de nuestra ruina en el bolsillo de mi túnica. Si el Consejo supiera que la sangre que corre por las venas de nuestra hija es la misma que ellos juraron borrar de la historia... no solo nos quitarían la vida.
Destruirían todo lo que hemos construido."
(Adira suspira, y su expresión se endurece, transformando su miedo en una determinación gélida).
"Que el destino haga lo que quiera con nosotros, pero no con ella. Si el palacio es el lugar donde la verdad debe salir a la luz, entonces me aseguraré de que, cuando eso ocurra, Amira no sea una víctima, sino la dueña de su propio destino.
Mañana... mañana será un día largo. Debo preparar todo. Ella no puede saber que el colgante no es solo una joya, sino una sentencia. No todavía."
Adira no apaga la antorcha. En lugar de eso, se acerca a una mesa lateral donde tiene cestas con telas y provisiones. Sus manos se mueven con una precisión mecánica, doblando túnicas y organizando pequeños frascos, pero su mente está lejos de las tareas domésticas.
"El rey Jacob... él es el único que aún guarda el recuerdo de aquel día. El único que sabe qué sangre corre realmente por las venas de Amira. Todos estos años, el silencio ha sido nuestro pacto, pero ahora que ella sirve bajo el mismo techo que el príncipe Amram, el peligro es demasiado grande."
Adira se detiene un momento, sosteniendo una túnica de lino entre sus manos. Sus ojos se fijan en la llama de la antorcha, que se consume lentamente, dejando caer gotas de cera como si fueran lágrimas.
"Dicen que el Rey está herido tras el incidente de hace unos días. Es la oportunidad que he estado esperando, aunque me aterra lo que pueda encontrar. Si Jacob ha cambiado, si su lealtad hacia nosotros se ha desvanecido con el paso de los años o con el dolor de sus heridas, Amira estará perdida."
Vuelve a doblar la ropa con firmeza, tratando de calmar el temblor en sus dedos.
Mañana, bajo el pretexto de ir a verlo para saber el estado en el que se encuentra, iré al palacio. No puedo esperar a que el destino decida por nosotros. Necesito ver sus ojos, necesito saber si el hombre que juró protegerla hace dieciocho años sigue siendo el mismo, o si el poder y el dolor de sus heridas han borrado su lealtad."