Lo que no se perdona 1

"La Hora De Dormir?"

Se acerca a la mesa y toma una pequeña bolsa de cuero, guardando en ella un frasco con un ungüento especial que ella misma preparó.

Si Jacob habla, todo lo que hemos construido se desmoronará. Pero si calla... si todavía recuerda su promesa, quizás ella tenga una oportunidad de sobrevivir a lo que viene.

Samgar se encargará de la defensa, pero yo... yo me encargaré de la verdad."

Adira se queda un momento más en silencio, observando cómo la luz de la antorcha se refleja en sus manos. Luego, con un suspiro, termina de cerrar la cesta.

"Mañana, Jacob. Mañana sabremos si el pasado sigue siendo nuestro aliado o si se ha convertido en nuestro verdugo."

Adira termina de cerrar la cesta, el cuero cruje en el silencio de la noche. Se queda un instante allí, con las manos apoyadas sobre la mesa, sintiendo el frío de la madera bajo sus dedos. La antorcha, ahora con la mecha recortada, proyecta una luz más clara y constante, revelando las líneas de preocupación en su rostro.

"Qué le diré cuando lo vea? Cómo podré mirarlo a los ojos después de tanto tiempo sin contacto? Jacob no es un hombre común, es un Rey, y aunque esté herido, su presencia sigue siendo una sombra que lo cubre todo."

Adira camina hacia la ventana, mirando hacia la silueta del palacio que se recorta contra el cielo nocturno, imponente y amenazante.

"Si él ha cambiado... si el incidente lo ha vuelto amargado o desconfiado de lo que ya es, podría ver mi visita como una amenaza. Podría pensar que vengo a reclamar algo que ya no nos pertenece. Pero no tengo otra opción. Amira irá allí dentro, a servir a su hijo, sin saber que cada paso que da en esos pasillos es un paso sobre un abismo."

Se gira hacia la escalera, escuchando el silencio absoluto de la casa. Samgar ya debe estar dormido, o al menos intentándolo, ajeno a los planes que ella ha trazado.

"Mañana, cuando el sol apenas comience a calentar las placas de este techo, partiré. Llevaré conmigo el ungüento, la excusa perfecta para cruzar los muros. Me aseguraré de que nadie sospeche. Ni siquiera Samgar debe saber el verdadero motivo de mi visita. Él es un guerrero, su lealtad es ciega, pero su lengua es torpe cuando el miedo lo domina."

Adira se acerca a la antorcha una última vez, pero no la apaga. Se queda mirando la llama, hipnotizada por su danza).

"Dieciocho años de silencio... y todo podría terminar en una sola conversación. Si Jacob me traiciona, no habrá lugar donde escondernos. Pero si me escucha, si todavía queda una chispa de aquel hombre que nos ayudó a ocultarla... entonces, tal vez, Amira pueda tener un futuro que no esté escrito por la sangre de su pasado."

Adira finalmente se aleja de la mesa, caminando hacia las escaleras con paso firme. Su decisión está tomada. La noche avanza, pero para ella, el tiempo se ha detenido en la espera del amanecer.

"Mañana, Jacob. Mañana sabremos si el destino es un camino que se abre o una trampa que se cierra."

Adira se despoja de su calzado y comienza a subir las escaleras de piedra, sus pies descalzos apenas hacen ruido sobre la superficie fría. Al llegar al rellano, se detiene frente a la puerta de la habitación de Amira.

"FIN DEL CAPITULO 35".




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