Mañana no solo iré a ver a un Rey herido. Mañana iré a recuperar el control de mi vida. Si Jacob ha olvidado su promesa, le recordaré quién es Amira. Y si él intenta usarla para sus propios fines, le recordaré que una madre, cuando se trata de proteger a su hija, es mucho más peligrosa que cualquier ejército que él pueda comandar."
Adira (Últimos Pensamientos): "Que el sol tarde en salir... o que salga pronto. Ya no importa. El destino ya ha puesto las piezas sobre el tablero."
Que Dios nos protejan de lo que está por venir."
... Y Finalmente ...
El peso de la noche, cargado de secretos y planes, finalmente se vuelve demasiado para Adira. Sus párpados, que habían luchado contra el sueño con una voluntad de hierro, comienzan a pesar más que el plomo. La tensión en sus hombros se disipa lentamente, y su mano, que aún aferraba la sábana con fuerza, se relaja hasta quedar abierta sobre la cama.
El sueño comienza a vencerla, hasta que... ella cede.
... X La Mañana, Adira Se Despierta Un Poco Tarde Ese Día ...
2do Día Del Festival:
La luz del amanecer, que hace apenas unos instantes era una amenaza, ahora baña la habitación con una calidez suave. El bullicio lejano de la ciudad despertando —el canto de los gallos, el sonido de las puertas de madera abriéndose y el murmullo de los primeros mercaderes— comienza a filtrarse por las aberturas del techo de placas, pero Adira ya no lo escucha.
Su respiración se vuelve profunda y acompasada. En el reino de los sueños, las preocupaciones sobre el Rey Jacob, la impulsividad del príncipe Amram y el peligroso secreto de Amira se mezclan en un caos de imágenes borrosas. Por unas pocas horas, el peso del mundo deja de existir.
La antorcha, olvidada en el comedor de la planta baja, finalmente se ha consumido por completo, dejando solo un hilo de humo que se desvanece en el aire fresco de la mañana.
La habitación de Adira esta sumida en una calma absoluta, una tregua silenciosa antes de que el día exija su tributo y el destino, paciente, espera a que ella despierte.
El sol, ya alto y castigador, se filtra con fuerza por la ventana,
golpeando directamente el rostro de Adira. Ella se incorpora de un salto, con el corazón latiéndole con fuerza en el pecho. El silencio de la casa le resulta alarmante; el calor de la mañana algo avanzada ya ha comenzado a calentar las paredes de piedra.
Adira (Susurrando para sí misma, con voz ronca por el sueño): Por todos los cielos! Cómo he podido dormir tanto? El sol ya está alto...
Se levanta de la cama, sintiendo la urgencia en cada movimiento. Se ajusta la túnica y, sin detenerse a buscar a Samgar, se dirige apresuradamente hacia la zona de aseo. El agua en la palangana de plata está fresca, y al salpicarse el rostro, el contraste con el calor del ambiente la ayuda a despejar la mente.
Mientras se lava, escucha un murmullo lejano que proviene de la planta baja. Es la voz grave de Samgar y la risa suave de Amira. Se detiene un instante, con las manos mojadas, escuchando a través de las vigas del suelo.
Samgar (Desde abajo, con tono protector): Asegúrate de llevar el velo bien puesto, Amira. El sol en el palacio es implacable a esta hora.