Adira (Piensa, mientras se mira en el espejo de bronce):
Están ahí abajo, como si fuera un día cualquiera. Samgar cree que todo sigue bajo control, y Amira... ella solo piensa en su deber.
-No saben que hoy es el día en que todo debe cambiar. Debo bajar, actuar con normalidad, y luego salir hacia el palacio antes de que sea demasiado tarde."
Se coloca sus brazaletes con manos temblorosas, tratando de ocultar su nerviosismo bajo una máscara de serenidad. Se da una última mirada en el espejo, ajustándose el porte, y respira hondo antes de salir del baño.
Adira (Para sí misma, con determinación): Mantén la calma, Adira. Si ellos sospechan algo, no llegarás ni a la puerta del palacio.
Sale del baño y comienza a bajar las escaleras, preparando su voz para saludarles como si nada hubiera ocurrido.
Adira desciende los últimos peldaños con elegancia, ocultando el caos de su mente tras una sonrisa serena. Al llegar al comedor, la luz del sol se filtra por las
ventanas, iluminando el polvo en suspensión y creando un ambiente festivo que contrasta con la tensión que ella siente en el pecho.
(Sobre la mesa, los restos del desayuno —pan, dátiles y una jarra de leche fresca— dan cuenta de que la comida está terminando. Samgar, vestido con su túnica de jefe de defensa, revisa unos pergaminos, mientras Amira, luciendo radiante, se ajusta un brazalete de plata que brilla bajo el sol).
Adira (Con voz tranquila, aunque su corazón late con fuerza): Buenos días. Veo que el festival no espera a nadie.
(Amira levanta la vista, sus ojos brillando con la emoción propia de sus dieciocho años pero en el fondo se oculta una tristeza que no puede ser escondida).
Amira: Madre! Pensé que seguirías durmiendo. Es el segundo día del Festival de las Doncellas, la ciudad está llena de música y colores! El príncipe Amram ha prometido que hoy habrá una procesión especial en honor a su difunta madre (la antigua reina del reino).
Samgar (Sin levantar la vista de sus pergaminos, aunque su voz suena más relajada de lo habitual): El festival trae mucha gente a las puertas del palacio, Adira. Será un día largo y agotador para la guardia.
Adira se acerca a la mesa y toma un dátil, tratando de actuar con naturalidad mientras observa a su hija. Sabe que, en medio de la algarabía del festival, el palacio estará más vigilado, pero también más lleno de gente, lo que podría facilitarle el acceso al Rey.
Adira (Mirando a Amira con ternura fingida): Te ves hermosa, hija. Ese brazalete te sienta bien. Irás directamente al palacio para la procesión?
Amira: La procesion es en la plaza del reino.
(Samgar suspira y finalmente deja los pergaminos a un lado, mirando a su esposa con una mezcla de cansancio y afecto).
Adira se acerca a Samgar y le pone una mano en el hombro, sintiendo la firmeza de su armadura bajo la tela. Luego mira a Amira, pensando en el colgante que ella lleva oculto bajo su túnica.
Adira (Con voz firme): Amira, ve con cuidado. El festival es una alegría, pero no olvides quién eres y de dónde vienes. No te dejes llevar por las promesas vacías de la corte.
Amira (Sonriendo, sin sospechar nada): Siempre lo recuerdo, madre. Vendrás a vernos al palacio más tarde?
Adira siente que el momento de la verdad se acerca. La oportunidad de ver al Rey Jacob está ahí, en medio del caos del festival.