Lo que no se perdona 1

Capitulo 37 "Hogar..."

Adira mira de reojo a Amira. La joven camina con una gracia natural, y bajo su túnica, el colgante de oro parece latir al ritmo de sus pasos. Adira siente un escalofrío al pensar en lo que pasaría si el Rey Jacob viera esa joya en el cuello de la chica en medio de la corte.

Amira: (Susurrando a Adira, emocionada). Madre, mira cuánta gente. ¡El Príncipe Amram dice que hoy es un día de unidad para todo el reino! ¿No es maravilloso?

Adira: (Con una sonrisa forzada). Sí, hija... maravilloso.

Pero... Como sabes toda esa información?

Amira: Es lo q se comenta x todos partes.

Adira se queda en silencio... sorprendida.

Se acercan a las imponentes puertas de bronce del palacio. Los guardias, al ver a Samgar, se cuadran y abren paso de inmediato. Adira siente que el corazón le golpea las costillas. El umbral del palacio es un portal hacia el pasado, y ella está a punto de cruzarlo.

Samgar (A Adira, en voz baja): Mantente cerca. Una vez que entremos, el protocolo es estricto. No hables a menos que te pregunten.

Adira (Asintiendo, con la mano apretando la bolsa de cuero oculta bajo su túnica): Entendido, Samgar. Solo quiero cumplir con mi deber de caridad.

(Cruzan el umbral. La temperatura baja drásticamente al entrar en la sombra de los muros de piedra. El sonido del festival queda amortiguado, reemplazado por el eco de sus propios pasos sobre el suelo de mármol.

El palacio, silencioso y majestuoso, los recibe como un gigante dormido).

Adira camina junto a ellos, ajustándose el velo con naturalidad. Los guardias de la entrada, hombres que han servido bajo el mando de Samgar durante años, inclinan la cabeza con respeto al verla. Para ellos, Adira no es una extraña, sino la esposa de su jefe, una mujer que ha cruzado esas puertas cientos de veces para llevar provisiones, atender asuntos domésticos... entre otras cosas.

Guardia: Buenos días, señora Adira. También usted viene a palacio antes de ir a la celebración del festival?

Adira (Con una sonrisa amable y tranquila): Buenos días, Malik. Sí, el día está demasiado hermoso para quedarse en la plaza del palacio desde antes que el festival comience. Por lo que he decidido acompañar a mi esposo y a mi hija, y de paso, ver si puedo visitar al Rey.

Guardia: (Sonriendo). Siempre tan diligente, señora. Pase, pase. El Príncipe Amram ha ordenado que hoy las puertas estén abiertas para todos los que sirven a esta casa.

(Samgar le lanza una mirada de reojo, un poco sorprendido por su insistencia, pero no dice nada. Amira, por su parte, le toma la mano y la aprieta con cariño, feliz de tener a su madre cerca en su nueva posición, en un día tan especial).

Amira (Susurrando): Me alegra mucho que hayas venido, madre. A veces el palacio se ve siente tan grande y frío... tenerte aquí lo hace sentir más como un hogar.

Adira siente una punzada de culpa al escucharla. "Hogar", piensa, "si supieras que este lugar es el origen de todo nuestro miedo". Pero se obliga a sonreír y le acaricia la mano.

Adira: Siempre estaré cerca, Amira. No te preocupes.

Y así...

El grupo atraviesa el patio principal. El contraste es absoluto: fuera, el festival es un caos de colores y música; dentro, el palacio es un despliegue de orden y arquitectura antigua. Los techos de placa, altos y majestuosos, mantienen el lugar fresco.




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