Lo que no se perdona 1

"El Rey Me Mando Llamar"

Adira observa todo con ojos de halcón, buscando cualquier señal de movimiento en las alas superiores, donde se encuentran los aposentos del Rey Jacob.

Adira (Piensa): Están relajados. Nadie sospecha nada. Samgar lo sabe pero... Amira cree que estoy aquí por ella. Es perfecto. Ahora solo necesito encontrar el momento en que Samgar se dirija con sus deberes de jefe de defensa y Amira se dirige hacia donde Amram la espera."

(Samgar se detiene cerca de una fuente de piedra en el centro del patio).

Samgar: Amira, ve con el principe...

-Yo debo ir a revisar los puestos de vigilancia en la muralla norte. Adira... te quedarás por aquí o prefieres ir a ver al rey?

Adira mira a su hija, que ya está siendo llamada por el principe y luego vuelve su atención a su esposo, con la mente trabajando a mil por hora.

Adira se detiene en seco. La frase, pronunciada en voz alta, resuena con una autoridad inesperada en el patio de mármol. Samgar, que estaba a pocos pasos de distancia, se gira bruscamente, con el ceño fruncido y una expresión de desconcierto total.

Samgar: Esta bien, Adira. Ve a ver al Rey.

(El ambiente festivo del palacio parece congelarse por un instante. Amira, que ya se alejaba hacia sus compañeras, se detiene y se da la vuelta, mirando a su madre con curiosidad).

Adira: Lo sé, Samgar. Por ello he preparado un ungüento especial para sus heridas, uno que aprendí de mi madre. Es mi deber como súbdita y como alguien que conoce los remedios de nuestra tierra. No puedo quedarme de brazos cruzados sabiendo que nuestro soberano sufre mientras yo tengo el alivio en mis manos.

Samgar (Caminando hacia ella, bajando la voz para que nadie más escuche): Adira, esto no es sensato. El Príncipe Amram ha sido muy estricto. Si te acercas a sus aposentos sin una invitación, los guardias no dudarán en detenerte. Es el Rey, no un vecino al que puedes ir a visitar! El edicto es claro... a sus ojos ya no eres nada para él.

Adira (Dando un paso hacia él, con una intensidad que hace que Samgar retroceda un milímetro): Samgar, confía en mí. He vivido en este palacio más tiempo del que tú llevas como jefe de defensa. Sé cómo moverme, sé qué puertas están cerradas y cuáles se abren ante la necesidad. No me detendré.

Guardia (Con voz grave y respetuosa): Señora Adira.

(Adira mantiene la compostura, aunque siente que el corazón le martillea contra las costillas. Asiente levemente con la cabeza).

Guardia: Su Majestad, el Rey Jacob, ha tenido conocimiento de su presencia en el palacio. Ha ordenado que usted, y solo usted, se dirija de inmediato a sus aposentos reales. Me ha instruido para escoltarla personalmente y asegurar que nadie interrumpa su camino.

(Samgar da un paso al frente, protegiendo instintivamente).

Samgar (Aunque conoce la conexión pasada, duda x el temor de que algo haya cambiado): Por qué? Qué quiere el Rey de mi esposa?

Guardia (Mirando a Samgar con frialdad): Mis órdenes son claras, Jefe de Defensa. El Rey no ha dado explicaciones, solo ha expresado que su presencia es necesaria para la paz de su espíritu.

Adira (A Samgar, con voz suave pero firme): No te preocupes, Samgar. El Rey solo busca alivio para sus heridas. Encargate de Amira, ella te necesita hoy más que nunca.




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