Lo que no se perdona 1

"Promesa Cumplida Con Dolor"

Jacob no responde de inmediato. Sigue observándola, escaneando cada rasgo de su rostro, buscando en ella a la niña que una vez le dijo "te amo" con total inocencia. Cuando finalmente habla, su voz es un susurro ronco, apenas un hilo de aire.

Jacob: Has tardado mucho en volver a cruzar esta puerta, Adira. El tiempo ha sido un juez cruel con nosotros dos.

Adira se detiene a pocos pasos de él. La distancia entre ellos es corta, pero siente que está cruzando un océano. Saca la bolsa de cuero de su túnica, pero no la entrega. Sus dedos se cierran sobre ella, buscando el sello de cera que guarda en su bolsillo secreto.

Adira: El tiempo no ha sido el único juez, Jacob. El miedo también ha dictado nuestras sentencias. Pero hoy... hoy no he venido a hablar de lo que pasó hace dieciocho años. He venido a hablar de lo que está ocurriendo ahora, bajo este mismo techo.

(Jacob cierra los ojos un instante, y Adira nota cómo sus manos, apoyadas en los brazos del sillón, tiemblan levemente. La barrera entre ellos es palpable, pero ella sabe que, si no la rompe ahora, Amira nunca estará a salvo).

Adira (Con una firmeza que sorprende incluso a ella misma): Amira está aquí, Jacob. Y el Príncipe Amram... él no sabe quién es ella. Pero el tiempo se agota.

Jacob (Mirándola fijamente): Amram es un buen muchacho, Adira. Pero es impulsivo. Si él llegara a descubrir la verdad... si supiera que la joven que camina por sus pasillos es la heredera de lo que juramos proteger...

Adira (Interrumpiéndolo con urgencia): Entonces debe hacer algo. Usted es el Rey. Usted es el único que puede dictar el rumbo de esta historia antes de que la imprudencia de su hijo o la ambición de sus enemigos la destruyan. No vine aquí como una súbdita, Jacob. Vine como la mujer que le entregó su mayor tesoro hace dieciocho años. Aún recuerda la promesa que le hizo a Danae?

(Jacob guarda silencio. Sus ojos se humedecen y, por un momento, la barrera parece resquebrajarse, dejando ver al hombre que una vez la cargó en brazos y la llamó "mi pequeña Adira").

Adira (Piensa): Ya no soy la niña que temblaba, Jacob. Hoy, la guardiana ha venido a cobrar su parte del trato."

Jacob desvía la mirada hacia la ventana, donde la luz del festival se filtra a través de las celosías, proyectando sombras alargadas sobre el suelo de piedra. Sus manos, delgadas y marcadas por las cicatrices de mil batallas, se aferran a los reposabrazos del sillón con una fuerza desesperada.

Jacob (Con la voz quebrada por el peso de los recuerdos): Danae... Vapsi. Su nombre es un eco en este palacio, Adira. Un eco que se apaga cada día un poco más. Cómo podría olvidar la promesa que le hice? Juré que nuestra hija viviría lejos de la ponzoña de esta corte, lejos de las dagas que se esconden tras las sonrisas de los cortesanos.

-Añade: Ya estas enterado del nuevo edicto?

(Se gira de nuevo hacia ella, y en sus ojos, Adira ve el reflejo de un hombre que ha vivido demasiado tiempo con el peso de una mentira).

"FIN DEL CAPITULO 37"




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