Lo que no se perdona 1

Capitulo 38 "Antes Y Después Del Festival"

Jacob: Si, pero el destino es un tejedor cruel. La traje de vuelta sin quererlo. Cuando Amram la eligió para su servicio, no pude impedirlo. Si hubiera intentado alejarla, el Consejo habría puesto sus ojos sobre ella. He tenido que verla caminar por estos pasillos, Adira... he tenido que verla crecer desde la distancia, sabiendo que cada vez que la llamo "la hija del Jefe de Defensa, Samgar", estoy cumpliendo mi promesa de olvidar que algún día fuimos familia.

Adira (Dando un paso al frente, su voz se vuelve un susurro cargado de dolor): Pero ella no es una sirvienta, Jacob. Es una joven de dieciocho años que porta el colgante de su abuela, que porta el peso de un linaje que usted mismo juró proteger. Ella siente que su vida no le pertenece, que está atrapada en un juego que no comprende.

(Adira saca el sello de cera de su bolsillo y lo coloca sobre la pequeña mesa de madera junto al Rey. El sello, con el emblema de la casa real, brilla tenuemente bajo la luz).

Adira: Usted está herido, y el Príncipe Amram es noble pero imprudente. Si el Consejo sospecha, si ellos descubren quién es ella, no habrá ejército en este reino que pueda salvarla... tendrá que marcharse.

Usted debe reconocerla, Jacob. O al menos, debe darle la protección que solo un Rey puede otorgar sin levantar sospechas.

Jacob (Mira el sello con una mezcla de nostalgia y terror): Reconocerla? Sabes lo que eso significa? Significa declarar la guerra a quienes han gobernado en las sombras mientras yo me desangraba en este trono. Significa poner una diana sobre su espalda.

Adira (Con una frialdad que nace de la desesperación): Ya tiene una diana sobre su espalda desde el momento en que nació. La única diferencia es que ahora ella es consciente de que algo falta en su vida. Ella sabe que no es hija de Samgar, aunque lo ame como a un padre. Ella está buscando respuestas, Jacob. Y si no se las damos nosotros, las encontrará en los lugares equivocados.

(El Rey se inclina hacia adelante, el dolor de sus heridas haciéndole soltar un gemido ahogado. Adira se acerca, instintivamente, como si fuera a ayudarlo, pero se detiene al ver la mirada que él le dedica: una mezcla de súplica y autoridad).

Jacob: Adira... si hago esto, si la traigo a la luz, estás preparada para perderla? Porque una vez que sea reconocida, ya no será tuya. Será de otro reino. Y el reino, como bien sabes, siempre termina devorando a quienes más ama.

Adira (Con los ojos empañados, pero la voz firme): Prefiero verla luchar por su lugar en el mundo que verla morir en la oscuridad de una mentira. Qué decide, Majestad? Seguiremos siendo los guardianes de un fantasma, o vamos a devolverle su nombre?




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