Adira (Pensamientos): "Lástima? Eso fue todo lo que fui para él? Un acto de piedad para cumplir con el deseo de una reina mientras estaba en vida?"
(Adira se lleva las manos al rostro, tratando de contener el sollozo que le sube desde el pecho. No es solo el dolor de la verdad, es la humillación de haber entregado su vida, su lealtad y su juventud a un hombre que nunca la vio como a una igual, sino como a un objeto que podía mover a su antojo).
Adira: "Él cree que me ha destruido. Cree que, al decirme que no soy nada, me ha quitado mi fuerza. Pero se equivoca. Si no soy su hija, si no soy su sangre, entonces no le debo nada. Ni lealtad, ni silencio, ni protección."
(Adira se endereza. Su rostro, antes bañado por la angustia, se endurece. Sus ojos, que hace un momento estaban nublados, ahora brillan con una frialdad nueva, una que no conoce la piedad).
"Mañana, Dalsem llegará. Mañana, el tratado se firmará. Pero Jacob ha cometido un error fatal: me ha liberado de la última cadena que me ataba a él. Si él no tiene corazón, yo tampoco lo tendré para proteger su corona."
(Adira recoge el anillo del suelo. No lo guarda en su bolsillo secreto; lo sostiene entre sus dedos, observándolo como si fuera un insecto despreciable. Luego, con un movimiento deliberado, lo deja caer por una rejilla de ventilación en el suelo, viendo cómo desaparece en la oscuridad de los cimientos del palacio).
Adira: "Que el Rey se quede con su poder y su soledad. Mañana, cuando el sol se ponga, Amira no será una pieza en su tablero. Mañana, ella será el fuego que queme este palacio hasta los cimientos."
(Adira se aleja del ala real, caminando hacia el patio para luego dirigirse hacia el festival (en la plaza del reino), ajena a la tragedia que se gesta en las sombras. Su paso es firme, su mirada está fija en el horizonte. La guardiana ha muerto; la madre ha tomado el control).
(El Rey Jacob, ahora solo en la penumbra de sus aposentos, se deja caer sobre el sillón, dejando que el peso de su corona se sienta, por primera vez, como una carga insoportable. Sus manos, que han firmado sentencias de muerte sin temblar, ahora se entrelazan con nerviosismo, buscando un consuelo que no existe).
Jacob (Con la voz quebrada, mirando hacia el retrato de Vapsi): Qué he hecho, mi amada? En qué clase de monstruo me he convertido?
(Las lágrimas, que tanto se había esforzado por contener ante Adira, ahora surcan su rostro, dejando un rastro de vulnerabilidad que nadie en el reino creería posible).
Jacob (Susurrando al vacío): Creo que no tengo valor para confesarle la verdad... ni a ella, ni a nadie. Adira jamás me perdonará si descubre que su secuestro, aquel día en que la arrebataron de los brazos de su nodriza, fue planeado por mí con antelación.
Todo fue una puesta en escena para debilitar a Dalsem, para obligarlo a arrodillarse ante él x una mujer.
(Se cubre el rostro con las manos, recordando el horror de aquel día que él mismo orquestó).
Jacob: Y si no fuera por su huida... si ella no hubiera escapado (de los paltas), las cosas hubiesen sido mejores entre nosotros y los Paltas. Y Amira no hubiese crecido en mi reino.
Y Amira habría sido mi rehén, mi garantía, mi trofeo (no importando la distancia)... pero el destino quiso que terminara en manos de Adira, y que creciera creyendo en una mentira que yo mismo alimenté.