Lo que no se perdona 1

"Breves Instantes"

(Se levanta con dificultad y camina hacia la ventana y observa el festival. El dolor de sus heridas físicas palidece ante la agonía de su conciencia).

Jacob: Y a Adira la he convertido en lo que es, pero también he destruido cualquier posibilidad de que me vea como un padre.

-Ella me odiaría si supiera que su vida entera, cada día de su existencia, ha sido un pieza en mi juego... diseñada por mi ambición.

(Se apoya contra el marco de la ventana, sintiendo el frío de la piedra).

Jacob: Adira tenía razón. He sido cruel. He rechazado el único amor puro que se me ofreció —el de una hija que no era mía, pero que me quería como tal—, solo para mantener la fachada de un líder que no muestra debilidad. Y ahora, estoy solo. Rodeado de oro, de poder y de un silencio que me grita mis propios pecados.

(Jacob cierra los ojos, dejando que el eco de las palabras de su padre resuene en su mente, pero esta vez, el eco suena a derrota).

Jacob: "Un líder jamás debe mostrar debilidad". Qué mentira tan grande... qué precio tan alto he pagado por esta maldita corona. Y ni siquiera he podido cumplir con lo que le prometí a Vapsi.

-(dice, recordando): Mañana, Dalsem estará aquí. Mañana, la verdad estará a un paso de ser revelada. Y yo... yo solo soy un anciano que espera que el destino termine de una vez con esta farsa.En la habitación, el único testigo de su confesión es el retrato de la reina, que parece observar con una tristeza eterna cómo el hombre que una vez amó se desmorona bajo el peso de sus propias sombras).

... Mientras Tanto Dentro De Palacio (Algunos Minutos Antes De Comenzar El Festival) ...

El sol de la otoñal mañana baña la biblioteca privada del Príncipe Amram. Amira, con una pluma en la mano y varios pergaminos extendidos sobre la mesa, termina de organizar los informes de los distritos. Amram la observa desde su escritorio, con una mezcla de admiración y una curiosidad que a veces roza la sospecha.

Amram (Dejando su pluma a un lado y entrelazando los dedos): Y dime, Amira... cuál es tu deber como mi consejera?

-(dice, elogiando la sabiduría de la joven): Has logrado sintetizar los problemas de los mercaderes en pocas líneas, algo que a mis ministros les toma horas de palabrería.

Amira (Con humildad, sin levantar la vista): Mi deber es servir a la claridad, Alteza. Si el pueblo tiene hambre o si las rutas comerciales están bloqueadas, los adornos en el lenguaje solo sirven para ocultar la urgencia del problema.

Amram (Sonriendo con calidez): Muy bien. Es un buen avance por hoy. Pero creo saber por qué se te da tan bien. Tienes una intuición que no se aprende en los libros.

Amira (Levantando la mirada, intrigada): Por qué, Alteza?

Amram: Tu abuela materna era la consejera de mi padre. Ella tenía esa misma forma de ver el mundo, de encontrar el hilo conductor en medio del caos.

(Amira se queda inmóvil. Un brillo de curiosidad, casi de hambre por saber más, se enciende en sus ojos. Se acerca un paso al escritorio de Amram).

Amira: De veras? Nunca me hablaron mucho de ella. Solo sé que fue una mujer de gran carácter. Y qué más sabe sobre ella, Alteza? Cómo era? Qué decía de este palacio?

(Amram siente un pinchazo de culpa. Él sabe mucho más: sabe que la abuela de Amira fue la guardiana de secretos que podrían incendiar el reino, pero no puede decírselo. No todavía).




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