Adira se acercó a su hija y le tomó el rostro entre sus manos, con una intensidad que le cortó la respiración.
—Escúchame bien. No puedes evitar que Leyla se vaya. No porque sea tu amiga, sino porque si ella llega a Corinto, aunque el equilibrio de este reino se torne confuso. Hay cosas en la historia de las familias de Baddish que el Rey ha intentado enterrar bajo el oro y las fiestas. Los Argeos son los guardianes de lo que el Rey más teme... los Paltas. Y lo más importante son grandes amigos.
Amira sintió que su mundo se tambaleaba. ¿Qué secreto ocultaba la familia de Leyla? ¿Y por qué su madre, una mujer sencilla, parecía saber
más sobre los Argeos que el propio Príncipe Amram?
—¿Qué debo hacer? —preguntó Amira, con el corazón martilleando en su pecho.
Adira miró hacia la puerta, asegurándose de que nadie escuchara, y luego se acercó al oído de su hija.
—Debes encontrar a Maroum. Dile que no intente rescatarla por la fuerza. Dile que, si quiere salvarla, debe dejarla ir. Además... Samgar me ha contado algunas cosas sobre los Argeo que son horrorosas. Y lo más importante Sebna y su familia no tienen idea de ello.
Amira se quedó helada, con la mirada fija en su madre. La mención de Samgar, el jefe de defensa, como fuente de información de Adira, encajaba todas las piezas del rompecabezas de una manera aterradora.
—¿Samgar? —repitió Amira, sintiendo un sabor amargo en la boca—. ¿Samgar te ha estado informando sobre los movimientos de Sebna y su familia? Madre, ¿desde cuándo hablas sobre esos temas con el jefe de defensa?
Adira se apartó, evitando la mirada inquisidora de su hija. Se acercó a la ventana, observando el sol de mediodía con su calor abrasador con una cautela que Amira nunca le había conocido.
—Samgar y yo... somos esposos y tenemos una historia, Amira. Mucho antes de que tú nacieras, mucho antes de que este reino se convirtiera en la jaula que es hoy confesó Adira, con la voz cargada de un cansancio antiguo—. Él me mantiene informada de lo que ocurre en la corte para que yo pueda protegerte. Pero esto... esto es diferente.
Amira sintió que la traición le quemaba el pecho. Su madre, la mujer que siempre le había pedido que se mantuviera alejada de los asuntos del palacio, había estado operando en las sombras junto a su esposo en los asuntos reales y confidenciales.
Me has estado protegiendo o me has estado usando? —preguntó Amira, dando un paso hacia ella—. Samgar no hace nada por bondad. Si te contaba sobre el compromiso de Leyla, era porque quería que tú supieras algo que él no podía decir abiertamente.
Adira se giró, y por un segundo, la máscara de madre protectora se desmoronó, revelando a una mujer que había vivido décadas de miedo.
Samgar me dijo que Leyla se casaría con un comerciante local. Nunca mencionó a los Argeo. Nunca mencionó a Tracia. Si lo hubiera sabido, habría hecho algo, Amira. Habría hecho cualquier cosa.
Amira vio la angustia en los ojos de su madre y comprendió que, al igual que ella, Adira también había sido privada de la verdad. Samgar había filtrado información a medias, usando a Adira para vigilar a las familias de la corte sin que ella supiera el alcance real del plan del Rey.
—Samgar te mintió —dijo Amira, con una frialdad que la sorprendió incluso a ella misma—. Te usó para que te sintieras tranquila, para que no sospecharas que algo grande estaba pasando hasta que fuera demasiado tarde.
"FIN DEL CAPITULO 43"