Lo que no se perdona 1

"Un Silencio Olvidado"

Sus ojos, fríos y penetrantes, se posaron primero en Adira y luego, con una intensidad que hizo que Amira contuviera el aliento, se fijaron en ella.

Veo que has tenido visitas, Adira —dijo Samgar, su voz grave resonando en las paredes—. La hija de Sebna ha estado aquí.

Samgar caminó hacia el centro de la sala, sus ojos nunca abandonando a Amira. La tensión era tan absoluta que Amira sintió que sus pulmones iban a estallar.

—¿Qué te ha dicho la joven Leyla, Amira? —preguntó él, dando un paso hacia ella—

¿Te ha contado sobre su futuro en Corinto?

El aire en la sala se volvió tan denso que parecía imposible respirar. Samgar se detuvo en seco, a pocos centímetros de Amira. Su presencia era imponente, una mole de acero y autoridad que parecía absorber toda la luz de la estancia.

Amira no retrocedió. La rabia, una llama que había estado alimentándose de sus dudas durante todo el día, finalmente estalló.

Por qué, Samgar? —preguntó ella, su voz firme, aunque sus manos temblaban ligeramente—.

¿Por qué le mentiste a mi madre? ¿Por qué le dijiste que era un matrimonio local cuando sabías perfectamente que la enviaban a Tracia, a manos de los Argeo?

Adira soltó un ahogado gemido de terror, llevándose las manos a la boca. Samgar no se inmutó. Sus ojos, oscuros y carentes de cualquier rastro de calidez, se clavaron en los de Amira. El silencio que siguió fue tan prolongado que Amira pudo escuchar el latido de su propio corazón resonando en sus oídos.

—El deber no requiere explicaciones, Amira —respondió él, con una voz que era como el roce de dos piedras—. Y mucho menos ante una consejera que aún no comprende cómo funciona el equilibrio de este reino.

El equilibrio? —Amira soltó una risa amarga—. ¿Vender a una joven de Baddish a extranjeros para que el Rey pueda pagar sus deudas o comprar su silencio? ¿Eso es el equilibrio? ¡Mi madre te ha servido durante años, te ha dado un hogar, y tú la has usado como una marioneta para vigilar a las familias de la corte!

Samgar dio un paso más, invadiendo el espacio personal de Amira.

Su sombra se proyectó sobre ella, cubriéndola por completo.

—Tu madre es una mujer sabia que entiende el valor de la supervivencia —dijo él, ignorando la indignación de Amira—. Ella sabe que, en este palacio, la verdad es un veneno. Si le oculté la naturaleza del enlace, fue para protegerla de la carga de saber que el destino de esa chica ya estaba sellado desde el momento en que el Rey puso su sello.

No es un destino, es una sentencia! —exclamó Amira, desafiante—. Y si crees que voy a quedarme de brazos cruzados mientras destruyes la vida de Leyla y la de Maroum, te equivocas.

Samgar arqueó una ceja, una expresión de algo parecido a la curiosidad cruzando su rostro de piedra.

—¿Maroum? —repitió él, y el nombre sonó como una advertencia—. Así que el jefe de guerreros también está involucrado en tus fantasías de heroísmo.

Adira, temblando, se interpuso entre ambos, poniendo una mano sobre el brazo de su esposo.

—Samgar, por favor... es solo una chica. Amira no sabe lo que dice, está alterada por la noticia.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.