Lo Que Nos Faltó Decir

Capítulo 5: Una Boda Sin Amor.

El día de la boda amaneció gris.

El cielo estaba cubierto por nubes oscuras, como si incluso la naturaleza comprendiera que aquella no sería una celebración feliz.

Desde muy temprano, la antigua mansión familiar comenzó a llenarse de invitados. Los hombres de ambas familias llegaban vestidos con elegantes trajes negros. Las mujeres caminaban en silencio, conscientes de que no asistían a una boda por amor, sino al final de una guerra que había costado demasiadas vidas.

Había flores.

Había música.

Había sonrisas fingidas.

Pero no había felicidad.

Ashmed permanecía solo en una habitación, frente a un espejo.

Un sastre terminó de acomodar el cuello de su traje.

—Se ve impecable, señor.

Él no respondió.

Cuando el hombre salió, volvió a quedarse solo.

Se observó durante largos segundos.
Apenas reconocía al hombre que tenía delante.

Llevó la mano al bolsillo interior de la chaqueta.

Allí seguía guardado el pequeño reloj que Victoria le había regalado y el anillo que ella había intentado devolverle.

Los sostuvo con fuerza.

Su mente viajó a la tarde en que se arrodilló frente a ella.

"¿Quieres ser mi esposa?"

Recordó la emoción en los ojos de Victoria cuando respondió que sí.

Recordó el brillo de su sonrisa.

Recordó el abrazo que compartieron.

Había imaginado una boda sencilla.

Ella vestida de blanco.

Él esperándola nervioso al final del pasillo.

Había imaginado a Victoria riendo porque él no sabía bailar.

Había imaginado un hogar, hijos y una vida lejos de la violencia.

Todo aquello desapareció.

Ahora estaba a punto de casarse con una mujer a la que respetaba, pero no amaba.

Sintió un nudo en la garganta.

Por primera vez en su vida comprendió que existían decisiones más dolorosas que recibir una bala.

Al otro lado de la mansión, Elif terminaba de vestirse.

El vestido era hermoso.

Había soñado con usarlo desde que era una adolescente.

Durante años imaginó que, cuando llegara ese día, Ashmed la miraría con amor.

Pero mientras se contemplaba en el espejo, supo que ese sueño jamás se cumpliría.

Su madre acomodó con delicadeza el velo sobre su cabeza.

—Estás preciosa.

Elif sonrió, aunque sus ojos estaban llenos de lágrimas.

—¿De verdad crees que algún día podrá quererme?

Su madre no supo qué responder.

Solo la abrazó.

La ceremonia comenzó.

Ashmed caminó lentamente hasta el altar improvisado en el jardín de la mansión.

Cada paso le pesaba.

Sentía que avanzaba hacia un destino que no había elegido.

Los invitados se pusieron de pie cuando apareció Elif.

Ella caminaba despacio, con la mirada fija en el hombre que amaba desde niña.

Ashmed levantó la vista.

La vio acercarse.

Era una mujer hermosa.

Elegante.

Digna.

Y, sin embargo, lo único que vino a su mente fue el rostro de Victoria.

Imaginó por un instante que era ella quien avanzaba hacia él.

Que aquella sonrisa pertenecía a Victoria.

Que la mano que estaba a punto de tomar era la de la mujer que realmente amaba.

Pero la ilusión desapareció cuando Elif quedó frente a él.

Sus manos se encontraron.

Las de ella estaban frías.

Las de él temblaban.

El anciano encargado de la ceremonia comenzó a hablar.

—Hoy no solo unimos a un hombre y a una mujer.

Hizo una pausa.

—Hoy unimos dos familias que durante décadas solo conocieron el odio.

Los presentes guardaron silencio.
Muchos tenían lágrimas en los ojos al recordar a los familiares que habían perdido.

El anciano continuó.

—Que este matrimonio sea el símbolo de una nueva generación.

Ashmed apenas escuchaba.

Su corazón estaba muy lejos de allí.

Estaba imaginando a Victoria sola.

Preguntándose si habría comido.

Si seguiría sonriendo.




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