Lo Que Nos Faltó Decir

Capítulo 9: Lo Siento..

La cirugía duró varias horas.

Ashmed permaneció sentado frente al quirófano sin apartar la mirada de la puerta.

Llevaba las manos manchadas con la sangre de Victoria.

Se negó a lavarlas.

Era como si, al hacerlo, aceptara la posibilidad de perderla.

Cuando el médico salió, el silencio del pasillo fue suficiente para comprender la respuesta.

El hombre bajó la cabeza.

—Lo siento... hicimos todo lo posible.

Las palabras atravesaron el corazón de Ashmed.

Sintió que el mundo se derrumbaba una vez más.

No gritó.

No lloró.

Simplemente dejó de sentir.

Victoria se había ido.

La mujer que había cambiado su vida en un avión, la madre de su hijo y el amor que nunca pudo olvidar, había muerto en sus brazos.

Después del funeral, Ashmed se convirtió en la sombra del hombre que había sido.

Ya no sonreía.

Ya no discutía.

Ya no soñaba.

Vivía únicamente para Kemal.

Cada mañana lo llevaba de la mano.

Le preparaba el desayuno.

Le leía cuentos antes de dormir.

Intentaba ser padre y madre al mismo tiempo.

Pero cada rincón de la casa le recordaba a Victoria.

El perfume que aún permanecía en un pañuelo.

Un libro que ella nunca terminó de leer.

El anillo que llevaba colgado en una cadena sobre el pecho.

Todas las noches hablaba con una fotografía de ella.

—Hoy Kemal preguntó por ti.

Le dije que su mamá era la estrella más brillante del cielo.

Espero que no me hayas tomado a mal la mentira.

Era la única forma de que pudiera dormir.

Los años pasaron.

Las heridas del cuerpo cicatrizaron.

Las del alma, no.

Ashmed comenzó a enfermar lentamente.

Los médicos hablaban de un corazón debilitado por el estrés y las antiguas heridas.

Pero quienes lo conocían sabían la verdad.

Había muerto por dentro el día que perdió a Victoria.

Su cuerpo solo tardó algunos años más en seguir el mismo camino.

Una noche llamó a Elif.

Ella llegó de inmediato.

Encontró a Ashmed sentado junto a la cama de Kemal, observando al niño dormir.

—Está creciendo muy rápido... —dijo con una sonrisa cansada.

Elif sintió un nudo en la garganta.

—Sí.

Ashmed la miró con unos ojos llenos de gratitud.

—Quiero pedirte algo.

Ella se sentó a su lado.

—Lo que sea.

Él tomó su mano.

—Si algún día yo también falto...

No dejes solo a mi hijo.

Elif rompió a llorar.

—No hables así.

Ashmed sonrió con tristeza.

—Prométemelo.

Después de unos segundos, ella asintió.

—Te lo prometo.

Lo cuidaré como si hubiera nacido de mí.

Ashmed cerró los ojos con alivio.

Era la primera vez, desde la muerte de Victoria, que sentía un poco de paz.

Pocos meses después, Ashmed murió
No hubo violencia.

Solo un corazón cansado que dejó de latir.

Murió con la fotografía de Victoria entre las manos.

Y con el anillo que nunca volvió a quitarse.

Kemal tenía apenas unos años cuando quedó completamente huérfano.

Era demasiado pequeño para comprender por qué sus padres ya no estaban.

Solo sabía que los extrañaba.
Y que, de repente, el mundo se había vuelto demasiado grande.

Elif cumplió la promesa que había hecho.

Lo llevó a vivir con ella.

Lo abrazó cuando lloraba por las noches.

Le enseñó a leer.

Lo acompañó a la escuela.

Lo curó cuando se raspaba las rodillas.

Lo amó con un amor tranquilo y desinteresado.

Como nunca pudo amar a nadie más.

Sin embargo, para protegerlo de los enemigos que aún quedaban, tomó una decisión dolorosa.

El niño dejaría de llamarse Kemal.




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