Lo Que Nos Faltó Decir

Capítulo 10: El Último Capítulo.

El cuaderno cayó sobre sus piernas.

Mirto... o quizá Kemal.

Por primera vez en su vida ya no sabía quién era.

Las palabras escritas por Elif parecían arder sobre el papel.

"Perdóname por llamarte Mirto."

Las leyó una y otra vez.

Cada vez dolían más.

Cada vez significaban algo diferente.

Aylin entró en la habitación al verlo completamente inmóvil.

—¿Qué pasó?

Él levantó lentamente la vista.

Su rostro había perdido el color.

Le entregó el cuaderno sin decir una palabra.

Ella comenzó a leer.

A medida que avanzaba, sus ojos se llenaron de lágrimas.

Cuando terminó, cerró el cuaderno con cuidado.

—Mirto...

Él negó con la cabeza.

—No.

No sé si todavía debo llamarme así.

Durante veinticinco años viví creyendo que conocía mi historia.

Y ahora descubro que ni siquiera conozco mi verdadero nombre.

En el sillón, Elif abrió lentamente los ojos.

Había escuchado las voces.

Al ver el cuaderno en las manos de Mirto, comprendió inmediatamente lo que había ocurrido.

Durante años temió ese momento.

Y, al mismo tiempo, supo que era inevitable.

—Lo leíste...

No era una pregunta.

Era una certeza.

Mirto se acercó lentamente.

No había rabia en su mirada.

Solo una tristeza inmensa.

—¿Es verdad?

Elif cerró los ojos.

Una lágrima recorrió su mejilla.

—Sí.

—¿Mi nombre... es Kemal?

Ella asintió en silencio.

Él sintió que el corazón se rompía.

—¿Y mis padres...?

La voz de Elif tembló.

—Se llamaban Ashmed y Victoria.

Se amaban más de lo que las palabras pueden explicar.

Mirto bajó la cabeza.

Recordó todos esos años.

Las veces que preguntó por ellos.

Las respuestas incompletas.

Los silencios.

Las miradas tristes de Elif.

Ahora todo tenía sentido.

—¿Por qué me mentiste?

Aquella pregunta era la que Elif había esperado durante toda una vida.

Respiró profundamente antes de responder.

—Porque te prometí que vivirías.

Mirto la observó en silencio.

—Había personas que querían acabar con toda la familia de tu padre.

Si descubrían que seguías vivo...

También te habrían buscado a ti.

Cambiar tu nombre fue la única manera de protegerte.

Las lágrimas comenzaron a caer por el rostro de Elif.

—Cada vez que te llamaba Mirto...

Sentía que le estaba fallando a Victoria.

Y cada vez que te veía sonreír...

Sentía que estaba cumpliendo la promesa que le hice a Ashmed.

Nunca intenté reemplazar a tu madre.

Solo intenté que nunca te sintieras solo.

Mirto caminó hasta la ventana.

Necesitaba respirar.

Toda su vida había cambiado en cuestión de minutos.

De pronto comprendía por qué siempre había sentido un vacío.

Por qué algunas historias le hacían llorar sin motivo.

Por qué, desde niño, soñaba con un lago, una cabaña y una mujer rubia cuyo rostro nunca lograba ver con claridad.

No eran sueños.

Eran recuerdos.

Recuerdos enterrados por el tiempo.

Aylin tomó el libro Agua y Fuego.

Lo abrió por la primera página.

Leyó en voz alta una frase que antes le había parecido solo una bonita introducción.

—"Las coincidencias no existen. Si dos almas están destinadas a encontrarse, el destino siempre encontrará el camino."

Después miró a Mirto.

—Ahora entiendo por qué tu madre escribió este libro.

Él levantó la vista.

Aylin sonrió con tristeza.

—No quería que la historia de tus padres muriera con ellos.




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