Pov Valeria
Llegué a la oficina con muy poco ánimo. Carla lo notó enseguida, pero no insistió. Tenía reunión para presentar avances y necesitaba parecer segura aunque no hubiera dormido bien.
En la sala estaban Damián, Alejandro, Aranza y Santiago Beltrán, asesor externo de inversión. Saludé con educación, conecté mi computadora y empecé.
Expliqué el diagnóstico, los riesgos, la narrativa y las fases de comunicación. La expansión debía comunicarse como crecimiento estratégico, no como ambición desmedida.
Aranza empezó a interrumpir.
—No estoy segura de que esa línea funcione.
—Por eso planteo comunicación por fases —respondí—. La primera etapa no revela información sensible, prepara el terreno.
Cada punto tuvo una observación suya. Que el tono era demasiado formal. Que el calendario era ajustado. Que había que tener “más sensibilidad”.
Era evidente que no evaluaba el plan. Me evaluaba a mí.
—¿Su propuesta depende de controlar todos los escenarios? —preguntó.
—No. Parte de entender que no todos los escenarios pueden controlarse, pero sí anticiparse. La diferencia entre una empresa preparada y una vulnerable es la capacidad de responder antes de que el problema escale.
Damián sonrió apenas. Santiago aprobó el enfoque. Alejandro pidió revisar el documento completo conmigo a las seis.
Aranza intentó ofrecerse.
—Ale, yo puedo revisarlo contigo.
—La señorita Montes lo desarrolló. Si hay ajustes, necesito discutirlos directamente con ella.
Acepté. No quería trabajar a solas con él, pero negarme solo haría que Aranza sonriera y Alejandro pensara que huía.
Al salir, fui al baño y llamé a Mariel. Ella me reclamó no haberle contado que trabajaba con Aranza. Terminamos hablando del pasado, de la culpa que ella aún cargaba y de la promesa que le hice: la habría defendido mil veces más.
Antes de colgar, Mariel me dijo:
—No dejes que te vean destruida. Ya no estás sola.
Luego recibí un mensaje de Mateo.
Mat: Estoy en camino. Paso por ti a las 6:30.
Val: Más te vale.
A las seis tenía que enfrentar a Alejandro. A las seis treinta llegaría Mateo. Solo debía sobrevivir media hora más.