Pov Alejandro
Esperé la reunión de las seis con una ansiedad absurda. Damián entró a molestarme.
—Así que ahora nuestro gran director general no entiende unos informes.
—Son cuestiones de trabajo.
—Perfecto. Entonces no te molestará que yo esté.
Lo miré.
—¿No tenías una reunión?
Sonrió como si disfrutara demasiado.
—Sí. Además espero a Alexandre. Al parecer se fue a despedir de Valeria.
Apreté la mandíbula. Damián se rio.
A las seis, Valeria tocó la puerta. Entró con computadora y distancia profesional.
—Señor Vargas. Dígame cuáles son sus dudas.
Damián se fue con una sonrisa burlona. Quise matarlo.
A solas, intenté hablar.
—Valeria, yo quisiera que primero habláramos.
—Si no es sobre algo laboral, no quiero saberlo.
Inventé una pregunta sobre la fase preventiva. Ella empezó a explicar. Su teléfono vibró varias veces. Se alejó para contestar.
—Sí, ya estoy por terminar. Te veo afuera… También te quiero.
Sentí que algo se cerraba dentro de mí.
También te quiero.
Claro. Valeria tenía a alguien. ¿Qué esperaba? ¿Que siguiera detenida en el mismo punto donde yo la dejé?
La puerta se abrió y Aranza entró.
—Guapo, ¿ya terminaste?
Valeria cerró la computadora.
—Por mí está bien. Además, ya me están esperando.
Salió antes de que pudiera detenerla.
Aranza quiso ir a cenar. Acepté sin ganas, pero al bajar vi a Valeria correr hacia un hombre que la esperaba afuera. Él abrió los brazos y ella se refugió en ellos como si ese fuera exactamente su lugar.
Aranza murmuró:
—Vaya. Al parecer Val tiene a alguien.
No respondí. Solo miré cómo ella abrazaba a otro hombre como si él fuera su hogar.
Y odié darme cuenta de que me importaba.