Kai.
Probabilidad y estadística. Gran materia. Supongo. Aunque a estas alturas estaba a nada de dormir me, el profesor era más aburrido que mi tío cuando hablaba de sus supuestos viajes de joven.
Tenía mi cabeza recargada en mi mano ya era mi última clase y solo quería que esta mierda terminará ya. Había dos opciones: mataba al maestro o me mataba a mi.
— Si el Maestro te ve cabeceando tendrás problemas Kai.
Miré a Matt con aburrimiento y dije sin mucha preocupaciones. — ¿Problemas yo? Vamos Matt todos aquí sabemos que soy el mejor.
— Ya ni se para que te digo algo. — Dijo mi gran amigo con fastidio.
Ante eso sonreí. Lo sé. Lo sabía y me encantaba mi egocentrismo, aunque a veces me pasaba lo admito, pero este era yo y no cambiaría nunca, además Matt era mi mejor amigo así que no le quedaba de otra que aguantarme y acostumbrarse (cosa que supongo ya a de estar haciendo).
…
Por fin las clases terminaron y sin perder más tiempo salí con Matt. Sentía la mirada de las chicas, siempre era así, ya me había acostumbrado. Para mi esto ya era normal así que no le ponía tanta importancia. Después de todo solo podían admirar me.
Camine hacia la salida y fue ahí donde la vi. Masita. Mi querida Masita. Seré honesto, apenas la conocía pero me caía muy bien y yo le caí bien también aunque lo negara. Estaba sola, gracias a dios. Esa tal Lucía, Lixa o como se llamará no era de mi agrado y no se como podía ser del agrado de Mía.
Me despedí de Matt y entonces me acerque a Mía que estaba distraída, al llegar con ella le desordené el cabello y con una sonrisa dije divertido. — ¡Ey, Masita! ¿Acaso me estabas esperando? No me digas que me extrañabas.
Sin embargo su reacción no era la que yo esperaba, tenía los ojos húmedos, estaba llorando. Deje de sonreír y entonces me puse a su altura con seriedad. — ¿qué pasó?
— Nada. — Su tono era más seco de lo que solía ser.
Se leer a la gente es algo que se me da muy bien y con ella no era la excepción. Más bien con ella era más fácil de lo que solía ser.
— Mía, no soy estúpido.
— Solo déjame en paz, Kai. Ve a joder a otro lado.
Lo dijo en un tono de odio y frustración y no me quedó de otra que retroceder unos pasos. ¿Qué mierda estaba pasando? ¿Había hecho algo malo? Y no me había enterado. Dios.
— Mía, ¿qué te pasa? ¿Acaso hice algo malo?
— Si, ¡todo esto es tu culpa! Por que carajos no puedes dejarme en paz. ¿Acaso te gusta verme sufrir? Eres un imbécil. — solo logré ver sus lágrimas brotar con más fuerza sin contar su empujón en mi. ¿Acaso estaba en sus días? No entendía nada pero yo igual estaba empezando a frustrarme y a enojarme ante ese trato que me estaba dando el cual no merecía.
— Mía, no sé de qué mierda me estás hablando. — le solté un poco enojado.
— Solo vete a la mierda, Kai.
Fue lo único que escuche de su boca antes de verla marcharse. Intenté tomarla del brazo pero se soltó con agresividad. Y se marchó.
¿Qué mierda había sido eso?, ¿Qué hice para empezar? A veces las mujeres son tan extrañas por esa razón siempre es que me mantengo lejos de ellas.
Esta chica era muy extraña. Pero lo más extraño era yo al aferrarme y insistir a alguien que apenas conocía. Por dios Kai ¿qué te pasa? Que estúpido me debí de haber visto.
— ¿Kai?
Esa voz me sacó de mis pensamientos era Stella. Así que me giré hacia ella.
— ¡Ey!
— ¿Acaso me esperaste? ¡Dios! Que considerado. — lo dijo con ese tono dramático. Yo solo rodé los ojos y sonreí un poco.
— No te emociones Stella.
— ¡Ush! Que grosero.
— Vamos te llevo a tu casa. — Dije sin más. Honestamente no quería hablar mucho, no después de lo que había pasado con Mia que aun seguía sin entender el porqué de su actitud.
— ¿pasó algo?
La voz de Stella me tenso, ella como Matt me conocían bien y eso me jodia porque no podía esconderles nada. Oh bueno, casi nada.
— Nada.
— Kai, no soy tonta.
— Ya dije que nada, vamos Stella.
— No, no me moveré hasta que me digas.
Dios. ¿Por qué las mujeres son tan jodidamente tercas? Kai respira o si no matarás a alguien. Recuerda Stella es tu amiga no debes descargar tu enojo con ella.
Desvíe la mirada y dije con un poco de frustración (o tal vez mucho). — ¿Qué le pasa a Mia?
— ¿Mía? ¿A qué te refieres? ¿Acaso pasó algo mientras yo no estaba?
Perfecto. Ni Stella sabía que rollo.
— Olvídalo ya.
— No Kai, espera. Ahora me dices.
— Te dije que nada, carajo. — lo solté algo agresivo, bien me había pasado esto me estaba afectando más de lo que pensé. — Perdón…