Te fuiste y no te rogué
No porque no quisiera
Sino porque simplemente no podía
Yo sí te quería
Quizás más de lo que admitía
Pero miles de sueños tenía
Y entonces en una balanza tuve que poner todo lo que más quería
En un lado estabas tú
Todas tus miradas
Que dijeron más que mil palabras
Tu sonrisa
Que a veces me derretía
Las conversaciones que tuvimos que aunque fueron pocas y cortas me llenaron de alegría
Pero en ese mismo lado también estaba lo poco que ofrecias
Estaba el momento en el que tú mirada se torno distinta
Y en el que tú sonrisa parecía fingida
Estaba el momento en el que empezó tu actitud esquiva
Y del otro lado estaba mi familia
Que durante toda mi vida me consintieron tanto
Cómo para ahora conformarme con tener un amor para un rato
Estaban mis sueños, mis metas y mis ilusiones
Un futuro que prometía nuevos comienzos y nuevas emociones
Entonces creo que por estás razones
La decisión estaba clara y no dejaba lugar a considerar más opciones
Porque si te quería
Pero también estaba consiente de todo lo que yo valía
Y que no estaba dispuesta a perderme
En el absurdo intento de tenerte
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Este poema no habla de falta de amor.
Habla de límites.
A veces no rogamos no porque no sintamos, sino porque entendemos que sentir no puede costarnos la paz, la dignidad o la esencia.
Amar también es saber cuándo detenerse.
Es pensar en el futuro que quieres, en la persona que estás construyendo y en lo que no estás dispuesta a sacrificar por alguien más.
No rogar no fue orgullo.
Fue conciencia.
Fue elegir no perderme intentando que alguien se quedara.
Este poema nace de esa decisión: la de amarse lo suficiente como para no perseguir a quien no sabe quedarse.
Si lo leen y se identifican, quiero que recuerden algo: elegirte nunca será un error.