Lo que nunca te dije en mi otra vida

Capitulo 2- Tensión

Emmanuel no tuvo tiempo de pensar más. Said ya estaba frente a él, con las flores en las manos.

-Yo... -empezó Said, con la voz temblando-

No terminó la frase.

Solo extendió el ramo.
Emmanuel lo miró, confundido, nervioso... y sin saber qué hacer con todo lo que estaba sintiendo.

-Esto es... para ti -dijo Said al final, casi en un susurro.
El silencio duró apenas un segundo.

-¡Que se besen! -gritó Andrés de repente.

-¡Que se besen! ¡Que se besen! -se unieron otros alrededor, riéndose.

Emmanuel sintió cómo el calor le subía al rostro.

-Cállense... -murmuró, incómodo, sin dejar de ver a Said- Said yo...

Y entonces...
Un sonido fuerte cortó todo.
Seco. Anormal.
Y entonces comenzaron a sonar alarmas a
Todos se quedaron quietos.

-¿Qué fue eso? -preguntó alguien.

Emmanuel giró la cabeza.

A lo lejos, algo no estaba bien.

-De hecho, hay una escena en Fallout que lo explica-empezó Néstor.

-¿Tú estás pendejo o qué, hijo? -lo cortó Yaretzi, sin apartar la mirada.

-¡Vamos a mi auto, ya! -gritó Xóchitl.

El momento se rompió.
El ruido creció.
Gritos.
Personas corriendo.
Todos comenzaron a moverse al mismo tiempo.

Emmanuel soltó las flores sin pensar... y corrió.
El grupo se abrió paso entre la gente, empujones, desesperación, miedo que ya nadie intentaba ocultar.
El estacionamiento estaba hecho un caos.

-¡Por aquí! -gritó Xóchitl.

Corrieron como pudieron.
Y en medio del desorden...
En medio del desorden el grupo perdió de vista a Said.

-Espera -dijo Emmanuel, deteniéndose de golpe-. Falta Said.

-¡Hay que esperarlo! -añadió Andrés.

Xóchitl negó con la cabeza, alterada.

-¡No hay tiempo!

-¡No podemos dejarlo y ya Xóchitl!

-Yare...-dijo intentando calmarse y calmar a Yaretzi- Se que quieres salvarlo pero no sabemos donde está, no sabemos qué está pasando ni qué sigue, tenemos que irnos ahora.

Emmanuel y Yare miraron hacia atrás.
Solo se veia gente corriendo.
Demasiada gente.

-Pero-intento intervenir Emmanuel

-¡Súbete! -gritó Xóchitl.

El miedo ganó.
Subieron al auto.
El motor arrancó entre el caos.

Emmanuel giró una última vez hacia la prepa...
Buscando a Said.
Sin encontrarlo.
Se alejaron.
Y, mientras avanzaban, algo más ocurrió a lo lejos.
Nadie dijo nada.
Nadie sabía qué estaba pasando.
Pero todos entendían lo mismo:
Nada iba a volver a ser como antes.

El auto avanzaba como podía entre el caos.
Bocinazos.
Gente corriendo.
Otros autos intentando salir al mismo tiempo.

Xóchitl apretaba el volante con fuerza, mirando constantemente por los espejos.

-¡Muévete pedazo de...! -murmuró, tensa.

Con una mano, encendió la radio.
Interferencias.
Voces cortadas.
Hasta que una transmisión logró escucharse con claridad.

-...se recomienda a la población resguardarse en sótanos o lugares subterráneos... eviten salir...
El silencio dentro del auto se volvió más pesado.

-Apaga a esa estúpida de la presidenta, ni ella sabe que dice-dijo Néstor, nervioso, mirando por la ventana.

-Será "estúpida", pero no veo una mejor idea -respondió Andrés, serio.

Xóchitl dudó un segundo.
Luego asintió.

-Está bien... vamos a buscar algún lugar así.

Giró el volante, cambiando de dirección.

En la parte trasera, Yaretzi y Emmanuel no dejaban de mirar hacia atrás.
Como si en cualquier momento fueran a ver a alguien corriendo para alcanzarlos.
Pero no había nadie.

-¿Crees que él esté bien...? -preguntó Emmanuel en voz baja.

Yaretzi tardó en responder.

-Yo... -tragó saliva-. Espero que sí.

Emmanuel bajó la mirada.

-Es fuerte... -añadió ella, intentando convencerse-. Sé que podrá.

Emmanuel asintió, pero no dijo nada.
Miró por la ventana otra vez.
El miedo seguía ahí.
Pero había algo peor creciendo dentro de él.
Culpa.

-El... Quería decirme algo importante... Talvez yo debí quedarme... -murmuró apenas.

☄︎

Después de una hora que parecio eterna el auto se detuvo.

-Bájense -dijo Xóchitl, con la voz firme-. Rápido.

Frente a ellos, la entrada del metro.

-¿Aquí? -preguntó Néstor, dudando.

-Es subterráneo -respondió Andrés-. Es mejor que estar allá afuera.

Bajaron del auto casi al mismo tiempo.
La calle seguía llena de gente corriendo, gritos, sirenas a lo lejos.
Sin pensarlo más, entraron.
Las escaleras hacia el metro estaban llenas, pero no tanto como afuera.
La gente bajaba rápido, empujando, buscando exactamente lo mismo que ellos: refugio.
El aire se volvía más pesado conforme descendían.

-Por lo que sé... -empezó Andrés, tratando de mantener la calma-, esta es de las líneas más profundas de la Ciudad de México... tal vez estemos seguros aquí un tiempo.

-Ojalá -murmuró Yaretzi.

Llegaron al andén.
Las luces seguían encendidas, pero el ambiente era distinto.
Más oscuro.
Más encerrado.
Algunas personas ya estaban sentadas en el suelo.
Otras hablaban en voz baja.
Nadie parecía saber realmente qué hacer.

Xóchitl miró alrededor, evaluando.

-Deberíamos instalarnos provisionalmente aquí -dijo al final.

-¿Instalarnos? -repitió Néstor-. ¿Como campamento o qué?

-Como sobrevivir -respondió ella, seria-. Al menos hasta entender qué está pasando.

El grupo se quedó en silencio.
No era un plan perfecto.
Pero era lo único que tenían.

-No hay señal... perfecto -dijo Xóchitl, cansada y agobiada- Lo único que nos serviría ahora sería un radio para mantenernos informados, pero ¿quien traería un radio en su mochila todo el tiempo?

Andrés sacó el celular por inercia, como si fuera a funcionar de pronto.
Nada.

-Muerto -murmuró, guardándolo otra vez.




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