La madrugada llegó sin que nadie realmente durmiera. Se escuchaban bombardeos y alarmas cerca.
El tiempo en el metro se sentía extraño.
Lento.
Pesado.
Emmanuel seguía despierto, recargado contra la pared.
No podía dejar de mirar hacia las escaleras.
Como si en cualquier momento fuera a verlo bajar.
Como si todo esto no estuviera pasando.
Entonces, la radio soltó un chasquido.
Interferencia.
Todos levantaron la mirada al mismo tiempo. Y Emmanuel se acercó rápidamente.
-Súbele -dijo Emmanuel de inmediato.
Néstor movió la perilla con cuidado.
La estática se hizo más clara... hasta que una voz logró escucharse.
-...las líneas de comunicación se restablecerán por algunos minutos... para que puedan comunicarse rápidamente con sus familias... y también el... a... tr-
La transmisión se cortó.
Solo quedó el ruido.
-Mierda, ya no escuchamos lo del final -dijo Andrés, frustrado.
Xóchitl reaccionó de inmediato.
-Sabemos lo importante -dijo, firme-. Tenemos la oportunidad de mandar mensajes a nuestros padres para encontrarnos aquí.
Todos se miraron entre sí.
Era poco.
Pero era algo.
Emmanuel bajó la mirada hacia su celular.
Sus manos temblaban un poco.
No sabía qué escribir primero.
No sabía a quién.
Su familia... o...
Apretó el teléfono con fuerza.
El nombre apareció en su mente sin que pudiera evitarlo.
Said.
La radio volvió a crujir de pronto.
Un sonido de interferencia que hizo que todos levantaran la mirada otra vez.
-Espera... -murmuró Néstor, ajustando la perilla.
La señal entró con dificultad, pero esta vez la voz era más clara.
-...los lugares bombardeados y parcialmente perdidos han sido...
El ambiente cambió.
Nadie habló.
Nadie se movió.
-Zona Zócalo...
Aeropuerto Internacional Benito Juárez...
Carretera México-Toluca...
Ciudad Universitaria...
Hospital Militar...
Campo Marte...
Fábrica de armamento y equipo, Cuemanco...
Base del Estado de México de la Fuerza Aérea...
-Supongo que ningún lugar que nos afecte directamente a nosotros-dijo Emmanuel un poco más tranquilo
Interferencia.
La voz se cortó por un segundo.
El corazón de Emmanuel comenzó a latir más rápido.
-...La Escuela Nacional Preparatoria número 5...
El tiempo se detuvo.
-No... -susurró Yaretzi.
Emmanuel sintió cómo algo se le hundía en el pecho.
-No puede ser... -murmuró Andrés.
Pero nadie lo contradijo.
Porque todos sabían exactamente lo que significaba.
Emmanuel bajó la mirada.
Su respiración se volvió irregular.
-Said...
El nombre salió apenas, casi sin voz.
Ahora sí lo entendía.
Ese silencio.
Ese momento en que todo se sintió... distinto.
Como si eso pudiera cambiar algo, como si todavía hubiera una posibilidad. Pero, por primera vez... El miedo dejó de ser incertidumbre, y se volvió algo mucho más real.
☄︎
Después de varios días, la preocupación y la desesperación dejaron de ser algo momentáneo...
y se volvieron constantes.
El tiempo en el metro ya no se medía en horas, sino en silencios largos, miradas perdidas y noticias que nunca llegaban completas.
Poco a poco, la gente comenzó a irse.
Algunos decían que había otros refugios.
Otros simplemente no soportaban quedarse.
Uno por uno... fueron desapareciendo.
Hasta que solo quedó el grupo.
El mismo de siempre.
Pero ya no eran los mismos.
El cansancio se notaba en todos.
En la forma en que hablaban.
En la forma en que evitaban ciertos temas.
Y, sobre todo... en Emmanuel.
Se había vuelto más callado.
Pasaba largos ratos mirando el suelo, o las escaleras, como si todavía esperara ver a alguien bajar.
Como si no aceptara lo que ya sabían.
-Chicos... ya no queda comida.
La voz de Néstor rompió el silencio del andén.
Xóchitl asintió, seria.
-Ya revisé todo otra vez. No hay nada.
Emmanuel no reaccionó.
Llevaba días sin comer bien.
Casi no hablaba.
Solo estaba ahí.
-Tenemos que hacer algo -dijo Yaretzi, incorporándose-. Vamos a la superficie. Tal vez haya algún lugar cerca con comida... o quizá las cosas ya no estén tan mal allá afuera.
Hizo una pausa.
-También podríamos intentar comunicarnos con nuestras familias.
Andrés soltó un suspiro cansado.
-La última vez que intentamos comunicarnos ni siquiera les llegaban los mensajes... -murmuró-. Ni siquiera sé si exista la posibilidad de que sigan...
No terminó la frase.
El silencio que siguió dijo todo.
-Pero sí deberíamos ir a buscar comida -añadió al final, resignado.
Yaretzi miró a Xóchitl.
-Tú quédate aquí. Busca más comida... o lo que sea que encuentres.
Xóchitl frunció el ceño.
-¿Y ustedes?
-Nosotros subimos -respondió Yaretzi-. A buscar comida y víveres.
Nadie discutió el plan.
No era bueno.
Pero era necesario.
Emmanuel levantó la mirada por primera vez en un rato.
Las escaleras hacia la superficie estaban ahí.
Oscuras.
Como una frontera.
-Voy -dijo de pronto.
Su voz salió más firme de lo que se sentía.
Todos lo miraron.
-¿Seguro? -preguntó Xóchitl.
Emmanuel asintió.
No explicó nada.
Subieron las escaleras con cuidado.
Cada paso hacia la superficie se sentía más pesado que el anterior.
Nadie habló.
Al llegar arriba, la luz los obligó a entrecerrar los ojos.
El aire era distinto.
Más denso.
Más silencioso de lo que debería.
-Creo que hay un supermercado aquí cerca... -dijo Andrés, mirando alrededor-. Tal vez no esté completamente saqueado.
-Vamos. Rápido -respondió Yaretzi.
Comenzaron a avanzar por la calle.
Pasaban aviones constantemente.
El sonido era imposible de ignorar.
Nadie decía nada, pero todos lo notaban.