Lo que nunca te dije en mi otra vida

Capitulo 4-El nuvo mundo

Mil años después, el mundo ya no pertenecía a países, gobiernos ni banderas, todo cambio.

Ahora estaba dividido en reinos, reinos construidos sobre ruinas antiguas, estaciones subterráneas y ciudades consumidas por la naturaleza.

Cada uno luchando por lo mismo: sobrevivir.
Con los siglos comenzaron a aparecer individuos capaces de manipular energía, percibir peligrosantes de que ocurrieran, mover mentalmente objetos, leer mentes, entre muchos otros ejemplos, algunos útiles, otros no tanto.

Muchos lo llamaban evolución otros, castigo divino, pero a esas alturas, ya nadie sabía la verdad. Talvez la teoría más cercana a la realidad era que si fue evolución, combinada con la radiación posterior a una guerra nuclear.

Los recursos comenzaron a escasear con el paso de los siglos. Ya no había agua limpia y potable, ni tierras fértiles, además de que toda la tecnología que alguna vez existió desapareció o cambio a alguna menos eficiente que la que se conocía, además de la falta de recursos para crear nuevas tecnologías.

Todo se convirtió en motivo de guerra. Y entre todos los reinos, Kaelor era uno de los más codiciados.

Sus ríos seguían siendo puros, sus bosques aún daban alimento y las criaturas que habitaban ahí mayormente convivían en armonía con los seres humanos.

Se había convertido en un lugar hermoso e ideal para vivir, cosa que los otros reinos no podían decir, por eso otros reinos intentaban invadirlo constantemente, algunos enviaban soldados, otros espías y algunos preferían negociar alianzas falsas antes de atacar.

Pero Kaelor seguía resistiendo.

Oculto entre montañas y protegido por habitantes capaces de sentir el peligro antes de que llegara, y capazes de conectar con la naturaleza.

Kaelor era tranquilo comparado con otros territorios, pero incluso ahí podían sentirse las consecuencias de un mundo roto.

Los entrenamientos militares eran obligatorios para casi todos los jóvenes, no para atacar pero si para defenderse, las murallas crecían cada año y los exploradores desaparecían cada vez con más frecuencia cerca de las fronteras.

Zahir nunca había querido convertirse en soldado. Pero en Kaelor no existía mucho espacio para elegir. Además poseía una habilidad poco común, y poco apreciada fuera del ámbito militar.

Mientras otros podían manipular fuego, electricidad o fuerza física, el don de Zahir estaba hecho únicamente para la guerra.

Era capaz de percibir movimientos a enormes distancias.

Ejércitos enteros.
Emboscadas.
Patrullas ocultas entre bosques o montañas.

A veces, con solo concentrarse, podía sentir cuántas personas se acercaban... e incluso desde qué dirección. Por eso Kaelor lo utilizaba constantemente en vigilancia de fronteras. Porque en un mundo como ese, anticipar un ataque podía significar la diferencia entre la supervivencia y la destrucción.

Zahir odiaba tanto su poder que casi nadie sabía sobre el, ni sus amigos, solo algunas personas de su familia y algunos soldados superiores que lo usaban como vigía.

-¡Zahir!

La voz lo sacó de sus pensamientos y levantó la mirada buscando de donde venía.

Al girarse encontró a Edras acercandose hacia él por el puente de piedra que cruzaba el río principal del pueblo. Como siempre, parecía demasiado tranquilo para alguien viviendo prácticamente al borde de una guerra constante.

-Te llevo buscando media hora -dijo Edras al llegar junto a el, siendo un reclamo pero con la tranquilidad de siempre-. ¿Otra vez escapándote del entrenamiento?

-No me escapé. Técnicamente todavía no empezaba.

-Claro... y yo soy el rey de Radkar.

Zahir soltó una pequeña risa.

Edras era probablemente la única persona capaz de hacerlo olvidar por unos minutos todo lo demás, no recordaban bien como se habían conocido ni en que momento se hicieron tan buenos amigos pero en cuanto se conocieron comenzaron a hacer todo juntos. Y, aunque Zahir jamás lo admitiría en voz alta, Edras era lo más cercano que tenía a un hermano.

-Además -continuó Edras mientras caminaban por el sendero-, hoy vienen comerciantes del exterior. Tal vez traigan algo interesante.

Zahir levantó una ceja.

-¿Desde cuándo te interesan los comerciantes?

-Desde que el aburrimiento casi me mata aquí.

Zahir negó con la cabeza, divertido.

-Por cierto, dice mi mamá que si quieres ir a comer a mi casa-preguntó Zahir.

-¿Tu mamá hizo pan otra vez?

-Tal vez.

-Entonces claramente jamás rechazaría semejante invitación.

Caminaron entre las calles cubiertas de vegetación y animales paseando por ahí.

-Mira esa mariposa- dijo Zahir señalando una pequeña mariposa gris- nunca había vista una de este color

-Es bastante raro ver una por aquí, normalmente son provenientes del reino de Radkar, se dice que su polvo es capaz de hacerte recordar cosas importantes, desde cosas que te pidieron ayer hasta cosas de vidas pasadas y...

Zahir soltó una carcajada

-¿Tienes algo que decir Zahir?- dijo Edras rodando los ojos ante su interrupción

-Solo me pareció gracioso el hecho de que creas en esas tonterías, vidas pasadas, ja! Claro y yo soy el rey de Radkar- dijo en tono de burla

-¡Oye! Esa es mi frase

-Nuestra frase- corrigio Zahir

Edras rodó los ojos pero río con Zahir, caminaron unos minutos más hasta llegar a la pequeña casa de Zahir, construida junto a uno de los canales que atravesaban Kaelor.

El lugar olía a hierbas, madera húmeda y comida recién hecha.

Por unos momentos, el mundo exterior pareció lejano.

Como si las guerras, los reinos y las criaturas más allá de las murallas no existieran.

Hasta que unas voces comenzaron a escucharse afuera.

-¡Llegaron los comerciantes!
Edras levantó la mirada de inmediato.

-Bueno... veamos qué tragedias trae el exterior esta vez.

-Pero no hemos comido- reclamo Zahir




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.