El enorme salón del consejo permanecía en silencio.
Solo podía escucharse el leve eco de las máquinas antiguas funcionando detrás de las paredes metálicas del palacio de Radkar.
Toren observaba el mapa extendido frente a él con expresión fría.
Varias piezas metálicas marcaban las rutas de invasión hacia Kaelor. Y varias de ellas acababan de ser retiradas.
De repente Toren golpeó con fuerza la mesa rompiendo el silencio.
-Perdimos siete Drakks -informó la comandante Irali con tensión en la voz-. Y más de treinta soldados quedaron atrapados en el bosque.
El salón permaneció en completo silencio.
Nael, sentado junto a una de las enormes ventanas del consejo, observó de reojo la reacción del rey.
-Otra vez... -murmuró finalmente.
Areth tragó saliva antes de hablar.
-Kaelor conocía exactamente la ruta de avance de nuestras tropas. Prepararon trampas en los puntos precisos donde pensábamos cruzar.
Toren apoyó lentamente ambas manos sobre la mesa.
-Entonces alguien les avisó.
Nadie respondió. Porque todos estaban pensando lo mismo. Nael desvió ligeramente la mirada hacia el mapa.
Kaelor siempre lograba resistir más de lo esperado. Y eso comenzaba a frustrar peligrosamente al consejo militar de Radkar.
-Tal vez deberíamos abandonar temporalmente las invasiones directas -comentó la general Irali-. El terreno de Kaelor les da demasiada ventaja.
Toren levantó lentamente la mirada hacia ella. Y la mujer inmediatamente guardó silencio.
-No necesitamos destruir Kaelor -dijo el rey con calma-. Necesitamos entender cómo anticipan nuestros movimientos.
Nael permanecía escuchando en silencio. Aunque algo en toda aquella conversación comenzaba a incomodarlo, porque sabía perfectamente lo que venía después. Y no le gustaba.
Areth puso varios documentos sobre la mesa.
-Los exploradores confirmaron que comenzaron evacuaciones apenas horas antes del ataque -informó-. Sabían exactamente hacia dónde se dirigían las tropas.
Toren entrecerró ligeramente los ojos.
-Interesante.
Areth dejó los papeles sobre la mesa antes de suspirar cansadamente.
-Hay que hablar con nuestro espía -dijo finalmente-. Mandémosle una carta para que nos diga por qué nuestros planes no están funcionando.
Areth caminó hacia uno de los extremos del salón donde varias criaturas descansaban sobre estructuras metálicas.
Los Noctris, unas pequeñas bestias aladas usadas para transportar mensajes entre reinos.
Parecían murciélagos, aunque sus cuerpos estaban demasiado deformados para seguir considerándolos animales normales. Sus alas negras eran delgadas y casi translúcidas bajo la luz artificial del salón, mientras pequeñas líneas luminosas recorrían algunas partes de su piel como si la radiación aún siguiera viva dentro de ellos. Sus ojos brillaban con un tono azul pálido en la oscuridad.
Y sus garras metálicas podían aferrarse incluso durante tormentas o vuelos extremadamente largos.
A pesar de ser pequeños eran animales muy imponentes y de algún modo aterradores.
Los Noctris casi nunca emitían sonidos, solo observaban, casi como si entendieran perfectamente cada conversación humana a su alrededor.
Areth tomó una pequeña cápsula metálica y colocó cuidadosamente el mensaje dentro antes de sujetarla a una de las patas de la criatura.
El Noctris extendió lentamente las alas.
Y segundos después desapareció por la ventana del salón hacia el cielo oscuro de Radkar.
Tras lo que parecieron horas de discusión y planeacion, la reunión había concluido, aún que a Nael le dolía la cabeza por todo lo que pasaba.
Las enormes puertas del salón del consejo se cerraron detrás de Nael con un sonido metálico pesado.
El príncipe soltó lentamente el aire mientras caminaba por los largos pasillos del palacio de Radkar.
Aún podía escuchar las voces de los generales discutiendo dentro de la sala.
Siempre era lo mismo.
Nael pasó una mano por su cabello con evidente cansancio mientras continuaba avanzando entre los corredores iluminados por antiguas lámparas de energía azulada.
Entonces escuchó una voz detrás de él.
-Tienes cara de que la reunión salió peor de lo normal.
Nael levantó ligeramente la mirada.
Apoyada contra una de las enormes columnas metálicas estaba Xóchitl, la historiadora principal de la corte.
Sostenía varios libros antiguos entre los brazos mientras lo observaba con una pequeña sonrisa divertida.
-¿Desde cuándo escuchas detrás de las puertas? -preguntó Nael arqueando ligeramente una ceja.
-Es mi trabajo hacerlo, llevo años escribiendo la historia de este reino y de otros, y esto, estoy segura de que sera parte importante de la historia del reino, así que solo pasaba a tomar nota, ademas los generales hablan tan fuerte que prácticamente toda la corte puede escucharlos.
Nael soltó una pequeña risa cansada.
-Otra derrota por lo que escuche.
-"Retirada estratégica", según Toren.
-Ah. Entonces definitivamente fue una derrota- dijo tomando nota en una pequeña libreta.
Nael soltó otra pequeña risa por lo bajo.
-Kaelor anticipo nuestros movimientos -murmuró él finalmente-. Otra vez.
La expresión de Xóchitl cambió apenas un poco.
-Interesante...
Nael la miró de reojo.
-¿Qué tiene de interesante perder soldados?
-No hablo de eso -respondió ella mientras acomodaba uno de los libros entre sus brazos-. Hablo de la precisión.
El príncipe frunció ligeramente el ceño.
-Explicá.
-Los reinos normalmente detectan movimientos enemigos cuando ya es demasiado tarde. Pero Kaelor siempre parece saber exactamente dónde atacar.
Nael desvió lentamente la mirada.
Porque, aunque no lo decía, él también había comenzado a notarlo.
Demasiado exacto para ser simple suerte.
Se quedaron unos segundos en silencio hasta que Xóchitl lo rompió con un comentario burlón.