Lo que nunca te dije en mi otra vida

Capitulo 7- La princesa de Noctrail

La noche en Kaelor era extrañamente fría.

Dentro de la casa, Zahir dormía profundamente sobre el sofá junto a la ventana. El cansancio finalmente había podido más que él, Edras, en cambio, seguía despierto, sentado cerca de la radio apagada mientras pequeñas descargas eléctricas aparecían distraídamente entre sus dedos.

No podía dejar de pensar, en Radkar, en Toren, en la batalla y en Zahir.

Un pequeño sonido golpeó la ventana, Edras levantó inmediatamente la mirada. Otro golpe suave. Se puso de pie lentamente procurando no despertar a Zahir y caminó hasta la ventana. Afuera, apenas visible entre la oscuridad, una enorme silueta alada descansaba sobre uno de los techos cercanos. Un Noctris.

Edras abrió apenas la ventana. La criatura extendió una de sus patas metálicas, una pequeña cápsula plateada colgaba cuidadosamente entre las garras.

El chico la tomó rápidamente.
Y segundos después, el Noctris desapareció otra vez entre la oscuridad del cielo.

Edras cerró lentamente la ventana antes de abrir la cápsula, dentro había un pequeño papel doblado.

Muy pocas palabras.

"Reporte." Nada más, ni firmas, ni nombre, porque no hacían falta.

Edras levantó lentamente la mirada hacia Zahir dormido al otro lado de la habitación. Seguía dormido sin sospechar absolutamente nada, confiando en él.

Por primera vez desde que había llegado a Kaelor...
la culpa comenzó a sentirse demasiado real, porque Zahir no era un objetivo o una misión más, era su amigo, recordó todas las veces que habían entrenado juntos, las conversaciones absurdas en el mercado, las noches escuchando transmisiones viejas en la radio, y ahora estaba a punto de entregarlo.

Tomó otro pequeño papel y comenzó a escribir.

"Kaelor anticipó el ataque.
No sé cómo.
Pero encontré a alguien que podría ser útil."

Edras dudó apenas un instante antes de continuar.

"Su nombre es Zahir.
Puede detectar movimientos hostiles a grandes distancias.
Creo que su habilidad está relacionada con percepción mental."

Se quedó inmóvil observando las palabras, sintiendo un peso horrible en el pecho, porque incluso mientras intentaba convencerse de que solo estaba cumpliendo órdenes...

sabía perfectamente que acababa de traicionar a la única persona que realmente había confiado en él en mucho tiempo.

☄︎

El cielo sobre Radkar estaba cubierto por una espesa capa de humo gris del que salió un dragón negro con destellos azules, con otros más pequeños a los lados, era la princesa y su corte.

Decenas de soldados formaron filas ordenadas mientras los estandartes de Radkar ondeaban entre las torres metálicas.

Nael observaba la escena desde una de las plataformas superiores con los brazos cruzados.

-Todavía puedes escapar -dijo una voz conocida detrás de él.

Xóchitl apareció cargando una libreta, una pluma y una pequeña camara.

-Estoy considerando seriamente la idea.

-Lástima. Ya está aquí.

Antes de que Nael pudiera responder, los grandes dragones comenzaron a descender lentamente sobre la plataforma principal.

A diferencia de los demás reinos, Noctrail era el único Reino que había podido domar a los dragones.

Grandes criaturas cubiertas de escamas negras con reflejos plateados o azules. Sus alas parecen hechas de sombra líquida y pueden fundirse con la oscuridad. No escupen fuego, sino una niebla helada que apaga antorchas y congela lentamente a sus enemigos.

El símbolo de Noctrail destacaba en los costados de las monturas.

Una luna atravesada por un rayo.

-Presumidos -murmuró Nael.

-Celoso -respondió Xóchitl.

Los primeros en bajar fueron varios guardias, vestidos con uniformes oscuros impecables.

Después apareció ella, Tzara, la princesa de Noctrail.

Nael esperaba encontrar a alguien rígida y arrogante. Alguien incapaz de caminar sin una escolta de veinte personas.

Pero la joven que descendió del dragon parecía completamente distinta.

Llevaba una chaqueta negra larga con detalles plateados, pantalones oscuros y botas altas de viaje, más exploradora que princesa.

Su cabello café castaño se movía con el viento mientras observaba las enormes estructuras industriales de Radkar con evidente curiosidad, como si estuviera visitando un museo.

-Ya veo por qué le llaman la ciudad de hierro -comentó.

Uno de los diplomáticos de Radkar carraspeó nerviosamente, Toren avanzó unos pasos. Toda la plataforma quedó en silencio.
-Princesa Tzara -dijo el rey con voz firme-. Bienvenida a Radkar.

Tzara hizo una ligera reverencia.

-Rey Toren. Es un honor finalmente conocerlo.

Nael observó la escena desde atrás, intentando parecer interesado pero sin conseguirlo.

Los ojos de Tzara se movieron entonces hacia él y por un instante ambos se quedaron observándose.

-Y supongo que usted es el príncipe Nael.

-Supongo que sí.

-¿Siempre responde así?

-Solo cuando me presentan a desconocidos como posibles esposas.

Varios nobles presentes estuvieron a punto de sufrir un infarto, Xóchitl tuvo que contener una carcajada.

Pero para sorpresa de todos...
Tzara soltó una risa.

-Perfecto -dijo cruzándose de brazos-. Porque yo tampoco quiero casarme.

El silencio que siguió fue tan intenso que incluso algunos soldados voltearon a mirar.
Nael parpadeó.

Por primera vez desde que supo de la alianza...
alguien acababa de decir exactamente lo que él pensaba.

Y eso era inesperadamente interesante.

Toren fue el primero en romper el silencio.

-Me alegra ver que ambos poseen un gran sentido del tacto diplomático.

-Gracias, Hermano -respondió Nael.

-No era un cumplido.

-Lo imaginé.

Tzara soltó otra pequeña risa.

Xóchitl estaba disfrutando aquella situación mucho más de lo que debería.

-Bueno -intervino la historiadora-, considerando que ambos ya dejaron claro que detestan esta alianza, supongo que eso rompe el hielo.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.