Lo que nunca te dije en mi otra vida

Capítulo 9- Bienvenido a Radkar

Un dolor punzante recorrió la cabeza de Zahir, todo estaba borroso y ni siquiera recordaba dónde estaba.

Con los ojos entre abiertos intentó moverse pero el sonido de cadenas metálicas respondió inmediatamente.

Zahir abrió los ojos de golpe. La habitación era oscura, fría y húmeda; las paredes estaban hechas de metal oxidado y una pequeña ventana enrejada dejaba entrar apenas un rayo de luz muy tenue.

Se incorporó bruscamente o al menos lo intentó. Sus muñecas estaban sujetas por gruesos grilletes unidos a la pared.

-¿Qué...?

Los recuerdos comenzaron a regresar lentamente el bosque, la fogata, Edras y después... Después, no podía recordar nada, absolutamente nada.

Zahir sintió cómo el corazón comenzaba a acelerarse, se puso de pie tan rápido como pudo y tiró de las cadenas.

-¡¿Hola?!

Su voz resonó por el pasillo exterior pero nadie respondió.

-¡¿Dónde estoy?!

Nada, ni una respuesta, solo silencio.

Zahir apoyó ambas manos contra la pared intentando ordenar sus pensamientos, porque aquello no tenía sentido, estaba bien, el estaba con Edras, que tampoco sabía donde estaba, talvez a el también lo habían atacado y no había sobrevivido.

Su mente se lleno de pensamientos hasta que una idea horrible apareció en su mente y opaco las demás una de Edras.

No. No podía ser.

Intentó convencerse de que debía existir otra explicación, un ataque, bandidos, mercenarios o cualquier cosa pero Edras era su mejor amigo el no podría haber sido, pero cuanto más pensaba en ello menos posibilidades encontraba.

Pasaron algunos minutos que parecieron horas y los pensamientos no paraban, hasta que la puerta metálica del calabozo se abrió lentamente, el chirrido resonó por toda la celda.

Zahir levantó inmediatamente la mirada y sintió cómo el estómago se hundía, no conocía a la mujer que acababa de entrar, pero sí reconoció el uniforme.

La armadura oscura el símbolo grabado en el pecho sin dudarlo era un soldado de Radkar.

Dos soldados permanecían detrás de él, vigilándolo, como si esperaran que intentara escapar.

-Veo que finalmente despertaste -dijo la mujer.

Zahir apretó los dientes.

-¿Dónde está Edras? ¿Quien eres tu?

El hombre arqueó ligeramente una ceja.

-Soy Areth la general del reino de Radkar.

-¿Y Edras?

-Eso no es lo importante ahora y de igual forma no es de tu incumbencia.

-¿Porque estoy aqui? No hice nada malo.

-Veras, llevas un tiempo dandonos problemas.

-¿Porque? No soy un soldado importante, ni Edras.

-Lo sabemos.

-No soy un noble.

-También lo sabemos.

Zahir dio un paso hacia adelante hasta donde se lo permitieron las cadenas.

-Entonces ¿que quieren de mi?

Areth observó la reacción del joven, casi como si estuviera estudiándolo.

-Tienes una habilidad muy poco común, nos diras exactamente como funciona y nos ayudaras a ganar el territorio de Kaelor ¿Entiendes?

Zahir soltó una carcajada incrédula.

-Primero muerto que ayudándolos ¿Creen que despues de traerme aquí en contra de mi voluntad voy a cooperar?- río una vez más incrédulamente‐ sabía que los habitantes de Radkar eran tontos pero no tanto.

-Lo que tu quieras dejo de importar en el momento que cruzaste las fronteras de Radkar, más en específico, cuando cruzaste las puertas de este castillo.

El silencio cayo sobre la celda.

-El rey te pidio por algo y tu vas a cooperar quieras o no.

-No me interesa lo que él quiera.

-Y a el no le interesa tu opinion.

Zahir apretó los puños.

-Vaya forma de tratar a un invitado- dijo irónicamente.

-No eres un invitado- dijo de manera fría y directa- eres un recurso.

Zahir sintió una punzada de ira.

-¿Un recurso?

-Un recurso extremadamente valioso para Radkar y para esta guerra. Y Radkar no suele dejar escapar las cosas valiosas- Hubo un silencio por algunos segundos- Te dejare pensar si quieres cooperar pero te advierto que la próxima vez que venga aqui no sere tan amable.

-Jodete- susurro Zahir

Los dos soldados detrás de Areth se tensaron y el silencio se hizo más pesado. Areth miro a Zahir durante unos instantes.

-Te recomiendo que cuides ese hocico, perro de Kaelor.

-Y yo te recomiendo que me devuelvas a Kaelor, puta de Radkar

Areth perdio la paciencia y avanzó rápidamente hasta donde estaba Zahir dándole un golpe en el estómago, el aire abandonó los pulmones de Zahir de golpe, las cadenas se tensaron mientras intentaba mantenerse de pie.

-Areth cálmate- dijo uno de los soldados detrás de ella- Vamos a hablar con Toren, tendra tiempo para conciderar cooperar.

Zahir levantó la cabeza aun respirando con dificultad.

-¿Eso es todo?- pregunto con una sonrisa desafiante- He recibido golpes peores.

Areth estaba apunto de lanzar otro golpe, pero el soldado detrás de ella la tomó del brazo.

-No vale la pena- dijo mirándola a los ojos con un aire tranquilizador- además tiene que estar vivo para ayudarle a Radkar.

Areth apretó los dientes.

-Algún día dejaras de hacerte el valiente, disfruta el tiempo que puedas.

Areth se acercó a la puerta y salieron los 3 soldados, cuando el sonido del cerrojo resonó por el pasillo Zahir se quedo solo otra vez, más enojado que asustado.

☄︎

La sala del consejo de Radkar era inmensa, columnas de acero recorrían las paredes mientras enormes ventanales permitían observar la ciudad industrial que se extendía hasta el horizonte.

Toren permanecía sentado en el trono al fondo de la sala, y unos metros más adelante se encontraba Nael, escuchando o al menos fingiendo hacerlo. Edras también estaba ahí pero en silencio.

-Kaelor tardará meses en reparar sus defensas del norte -afirmó un coronel.

-Asumiendo que no descubran nuestra siguiente ofensiva -respondió otro.

-Eso ya no será un problema ¿cierto Edras?- dijo Toren con un tono de superioridad y seguridad.




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