-Entiendo porque tuviste problemas con el- susurro Nael mientras comían.
-¿Eh?- Areth que estaba junto a Nael en la mesa lo volteo a ver con cara de confusión.
-Al prisionero, el de Kaelor.
-¿Porque lo dices?
Areth siguió comiendo, sin prestar mucha atención a Nael.
-Pues talvez fui a- hizo una pequeña pausa considerando si era buena idea decirle a Areth- fui a... A ver al prisionero.
El primer bocado apenas había llegado a su garganta cuando escuchó lo que había hecho Nael. La comida se le atoró de golpe. Abrió los ojos de par en par y comenzó a toser con fuerza. Nael le acercó rápidamente un vaso con agua.
La princesa Tzara y los demás miembros de la Corte que estaban comiendo con ellos giraron la cabeza para mirar lo que pasaba.
Toren contemplaba la escena desde la cabeza de la mesa.
-¿Esta todo bien, Areth?- Pregunto Toren con una ceja alzada.
Areth tomó agua y tomó un respiro, recuperándose antes de contestar.
-Si, majestad, gracias por preguntar.
La mesa se quedó algunos segundos en silencio, pero después volvieron a retomar sus pláticas y apartaron la vista de Areth y Nael.
-¿Tú estás pendejo o que, hijo?- susurró Areth- ¿Qué tal que Toren se enoja porque desobedeciste sus órdenes? ¿Y si se enoja conmigo por no tener bien vigiladas las mazmorras?- hizo una pequeña pausa como si estuviera considerando algo- ¿No había guardias en las mazmorras?
-Eh... Es una historia graciosa.
Areth rodó los ojos
-Te juro por Radkar que si Toren no estuviera aquí, te estaría dando una paliza.
-Solo quería conocer al prisionero.
-Y supongo que eso no salió bien.
-Ni un poco, es demasiado terco y obstinado, y tengo que ir con Edras a hablar con el después de la comida- dijo de mala gana.
-No parece que te guste esa idea ¿es por el hecho de interrogar al prisionero o por algo más?
-No lo sé, es que ese tal Edras- lo miró, sentado casi al otro lado de la mesa- Le dan mucho crédito no es más que otro espía de Toren.
Areth miro a Edras también, quien hablaba con la princesa y Toren.
-Si quieres te puedo acompañar, será un placer volverlo a golpear si no coopera.
-¿En serio? Si me encantaría Areth, lo que sea con no estar a solas con Edras ni el prisionero.
El resto de la comida transcurrió con normalidad.
Después de la comida Edras, Nael y Areth se quedaron de ver en la entrada a las mazmorras.
-¿Entonces cuál es tu plan para sacarle información al prisionero, espía número quinientos ochenta de Toren?- dijo Nael con unos toques de burla en la última parte.
Edras rodó los ojos
-No soy el espía número quinientos ochenta, y no vengo a sacarle información, ese es trabajo de la general ¿no es así?
-Pues talvez si, pero no sabía que el trabajo de los espías era encariñarse con sus "herramientas"- comentó burlonamente Areth, con una pequeña risa- así que Toren tenía razón, te encariñaste con el chico.
-No saquen conclusiones equivocadas- intervino rápidamente Edras- solo éramos amigos.
-¿Equivocadas? ¿Amigos? -repitió Nael con una sonrisa burlona-. Pasaste años viviendo con él. Comían juntos, viajaban juntos, e insistes que no va a decir nada.
-Casi parece que te preocupa más su bienestar que los intereses de Radkarh- indagó Areth. Edras levantó la mirada.
-Solo estoy informando lo que sé.
-Claro -respondió Nael-. Y por eso te duele verlo encerrado.
La sonrisa desapareció del rostro de Edras, ese pequeño cambio fue suficiente.
-Vaya... esa cara lo confirma todo.
Areth negó con la cabeza, divertida.
-Qué irónico. El mejor infiltrado de Radkar fue infiltrado por sus propios sentimientos.
Nael empezó a caminar hacia las mazmorras.
-Si es muy difícil para ti Edras soportar esto, podemos ir Areth y yo a convencer a tu amiguito.
Edras dudo un momento pero siguió a Nael.
-No, Toren confía en mi.
-Justo por eso no te conviene traicionarlo- mencionó Areth.
Siguieron caminando hasta llegar a la celda de Zahir. El pesado portón de hierro rechinó al abrirse.
Zahir levantó la vista desde el rincón de la celda.
Areth fue la primera en entrar, con una sonrisa fría.
Seguido de ella, Nael, que observaba el lugar con evidente desagrado.
La tercera persona en entrar hizo que el pecho de Zahir se tensara, Edras.
Durante unos segundos nadie dijo nada, Zahir solo lo miró con desprecio, Nael miro a Zahir con resentimiento por su encuentro pasado y Areth los miraba claramente entretenida.
-Vaya... -dijo Nael-. Parece que el reencuentro no será tan emotivo como esperaba.
Areth soltó una breve risa.
-Déjanos solos un momento, príncipe.
Nael se apoyó contra la pared, sin apartar la vista de Zahir y Edras dio un paso al frente.
-Zahir...
-No pronuncies mi nombre.
El silencio se volvió pesado.
-Escúchame.
-¿Para qué? ¿Para que vuelvas a mentirme?
Edras bajó la mirada un instante antes de continuar.
-He venido a darte una oportunidad.
Zahir soltó una risa seca.
-Que generoso.
Edras ignoró el comentario.
-Si cooperas con nosotros... dejarás esta celda.
Areth observó la escena con una sonrisa divertida.
-Tendrás una habitación dentro del castillo. Comida, ropa, atención médica y libertad para moverte por ciertas áreas.
-¿Y si no?
Esta vez respondió Areth.
-Seguirás aquí.
Se acercó despacio hasta quedar frente a los barrotes.
-En la oscuridad.
-Con cadenas- acompleto Nael.
-Sin comodidades- siguió Areth.
Su sonrisa se ensanchó.
-Y cooperarás de todas formas.
Zahir sostuvo su mirada sin retroceder.
-¿Ah, sí?
-Sí.
Areth habló con absoluta tranquilidad.
-Porque existen métodos mucho más eficaces que una conversación.
Edras apretó los puños.
-Areth...
-¿Qué? Solo estoy siendo sincera.