Lo que nunca te dije en mi otra vida

Capítulo 11- Un lugar seguro

La habitación era demasiado cómoda para sentirse como una prisión, una cama, una mesa de madera, una ventana enrejada desde la que apenas podía verse una parte de la ciudad de Radkar y una puerta de acero con dos guardias custodiándola permanentemente.

​Zahir permanecía de pie frente a la ventana, observando las enormes chimeneas que expulsaban humo hacia un cielo gris. No se parecía para nada a Kaelor, no había ríos, ni árboles, solo acero, humo y ruido.

​La puerta se abrió lentamente, dos sirvientes entraron empujando un pequeño carrito con comida, ninguno dijo una sola palabra dejaron los platos sobre la mesa y salieron de inmediato. Todos lo trataban como poco más que un estorbo.

​Zahir observó la comida durante unos segundos, el estómago le rugía, pero no tenía ganas de comer, seguía pensando en Edras, una parte de él deseaba creer que Edras aún lamentaba haberlo traicionado y la otra quería romperle la cara en cuanto volviera a verlo.

​Unos golpes resonaron en la puerta, tres golpes suaves y después la puerta volvió a abrirse, esta vez solo entró una persona.

​Nael, no llevaba la armadura ceremonial con la que lo conoció, vestía ropa mucho más sencilla y una chaqueta oscura que apenas llevaba el emblema de Radkar en uno de los hombros, miró alrededor de la habitación.

​-¿Qué tal el cambio de alojamiento?

​Zahir no respondió.
​Nael suspiró.

​-Lo tomaré como un "gracias".

​-Vete.

​-Qué hospitalario.

​El príncipe tomó una de las sillas y se sentó frente a él sin pedir permiso.

​-Solo vine a asegurarme de que Areth no te hubiera matado todavía.

​Zahir soltó una risa amarga.

​-Qué considerado.

​-Lo sé, soy increíble -dijo sarcásticamente-. Solo me daba curiosidad.

​Los dos permanecieron unos segundos en silencio. Nael observó los platos intactos.

​-No has comido.

​-No tengo hambre.

​-Eso es mentira.

​Zahir lo miró con molestia.

​-¿Y tú cómo lo sabes?

​-Porque llevas viendo esa comida desde que entré, pero eres demasiado orgulloso para tocarla.

​-No soy orgulloso, solo no tengo hambre.

​-¿Por qué?

​-Eso no te incumbe.

​Nael resopló molesto.

​-Bien, veo que Areth no te ha matado, por desgracia, te dejaré seguir deprimido por ahora, pero que sepas que algunos de los miembros de la Corte quieren hablar contigo después y como parte del trato espero que cooperes.

​Zahir hizo una reverencia sarcásticamente.

​-Como siempre, no fue un placer verte.

​-Lo mismo digo -respondió Nael visiblemente molesto por sus burlas.

​Nael caminó hacia la puerta y cerró de golpe, caminó apenas unos pasos cuando se encontró con Xochitl.

​-Nael ¿ya hablaste con el prisionero? ¿Puedo hablarle yo también? Esto sera muy bueno para investigar esta habilidad, talvez también...

​Nael la interrumpió.

​-Después de la comida.

​-¿No debías ir a comer hoy con Tzara?

​Nael se quedó callado como procesando aquella información que muy en el fondo ya sabía.

​-Mierda es cierto, Toren me dijo que me esperaría para que comiéramos juntos hoy en el jardín principal, me tengo que ir Xochitl, gracias por recordarme.
​Nael comenzó a correr por los pasillos, esperando que Toren no se enterara de que había olvidado la comida con Tzara. Cuando llegó al jardín miró a los lados buscando el quiosco en el que se encontraba Tzara, aun estaba ahí, después de casi dos horas, corrió al quiosco.

​Llego con el cabello desordenado y jadeando como si hubiera cruzado medio reino, Tzara levantó la mirada, un tanto disgustada por la impuntualidad.

​-¡Tzara! -Nael se interrumpió apenado, no quería gritar, se aclaró la voz y se sentó antes de volver a hablar-. Es decir, majestad, lamento haber llegado tarde, yo... eh...

​-Una hora, cincuenta y dos minutos de retraso -dijo seriamente.

​-Es que pasaron muchas cosas -se rascó la nuca, mirando al suelo.

​-Ilumíname.

​-Primero me desperté tarde.

​-Eso ya lo suponía.

​-Luego Areth me obligó a desayunar antes de irme mientras me daba un discurso sobre la puntualidad...

​Tzara arqueó una ceja.

​-¿Y lo escuchaste?

​-No... me escapé a la mitad a una sesión de meditación, la meditación es muy buena para la piel, hace que te veas más joven, deberías probarlo -Nael guardó silencio de golpe procesando lo mal que se podía malinterpretar eso-. No me refería a que tú... tienes piel bonita, no es que esté pensando en...

​Ella suspiró.

​-Continúa, con la agenda tan ocupada que tuviste hoy.

​-Y ya solo fui a ver al prisionero y bueno las cosas no salieron tan bien, después me encontré con Xochitl -explicó rápidamente- y después me recordó...

​-Bien, ya entendí el punto -se frotó el puente de la nariz con dos dedos, soltando un suspiro pesado antes de hablar-. ¿Sabes cuál era el propósito de esta "cita"?

​Nael lo dudo unos segundos.

​-¿Pasar tiempo juntos?

​-Era para comer y después asistir a la reunión diplomática juntos.

​El silencio cayó de golpe.

​-¿Era hoy? Pensé que solo era una comida.

​La princesa lo observó con incredulidad y resignación.

​-Terminó hace veinte minutos.

​Él abrió la boca buscando una explicación que claramente no existía.

​-Bueno...

​-No.

​-Pero...

​-Tampoco.

​-¿Y si digo que fue culpa del destino?

​Tzara se levantó con elegancia.

​-El destino no tiene la culpa de que seas incapaz de llegar a tiempo a ningún sitio.

​Comenzó a alejarse y Nael la siguió inmediatamente.

​-¿Estás enojada?

​-Mucho.

​-¿Muchísimo?

​-Sí.

​-¿Pero todavía podemos tomar el té?

​Ella señaló la mesa.

​-Ya está frío.

​Nael tomó una taza, bebió un sorbo y sonrió.

​-Pues no está tan mal.

​Nael sonrió de oreja a oreja.

​-Eres imposible.

​-Pero viniste a verme.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.