Lo que ocultamos de la luz

Lo que queda del mar

La vuelta a la universidad después de la muerte de sus padres había sido un verdadero torbellino emocional para Olivia. Había pasado los últimos días en la cama, llorando y reviviendo los recuerdos de los momentos felices que había compartido con ellos. Las salidas al teatro, los campamentos en el bosque, las vacaciones en la playa, incluso esos viajes en auto que tanto le gustaba hacer a su padre. No le parecía justo. Todavía tenía toda una vida por compartir con ellos; era joven y necesitaba las charlas con su madre y los consejos de su padre. Había tantas cosas que aún quería hacer con ellos, sueños y planes que nunca alcanzó a realizar. Quería que su padre la entregara en su boda, que su madre estuviera ahí cuando se enterara de que iba a ser madre. Quería que ambos estuvieran en su graduación. Y ahora, sin haber terminado la universidad, ya los había perdido. Desde la estación de tren, en su camino a la universidad, Olivia sabía que este no iba a ser un buen año.

Buscó un compartimento vacío y se sentó junto a la ventana, mirando el paisaje que pasaba rápidamente. El viaje duraba aproximadamente una hora, y aunque sabía que sus amigos la estarían buscando, no tenía ganas de hablar con nadie. Se dedicó a observar el agua que fluía cerca de la vía, el cielo brillante y las copas de los árboles que se movían con la brisa otoñal. A su madre le encantaba este paisaje, siempre decía que, si tuviera dinero, viviría cerca de la costa, con el mar arrullando sus noches y el aire salado llenando su casa. A su padre le gustaba el bosque, acampar, hacer fogatas. Se complementaban tan bien, y Olivia no podía evitar pensar que nunca tendría un vínculo como el de ellos, aunque lo deseara.

Pasaron unos veinte minutos antes de que sus amigos la encontraran. Siempre tomaban el tren a la misma hora, era solo cuestión de tiempo antes de que dieran con ella. Marcos se sentó junto a ella, sus ojos azules reflejaban pena, y Olivia no pudo evitar sentir una mezcla de rechazo y frustración hacia él. Luca, en cambio, se sentó frente a ella, tomó su mano con suavidad y le dio un apretón. Él sabía lo que significaba perder a los padres; no los había conocido, habían muerto cuando era solo un bebé, pero el vacío seguía ahí, presente.

—¿Emocionada por el último año? —mencionó Luca, tratando de romper el silencio.

—Solo quiero graduarme —suspiró Olivia.

—Puedes llorar si lo necesitas, Olivia.

Marcos la miró con incomodidad, pero Luca le dio un empujón, indicándole que se callara. Él nunca había tenido mucha sensibilidad para estos temas. Marcos se encogió de hombros y se disculpó, mientras se apartaba un poco, sintiéndose aún más fuera de lugar. Luego, pasó su brazo alrededor de su hombro, dándole un abrazo de costado. A Olivia le resultaba incómodo, sobre todo porque, antes de la muerte de sus padres, había sentido algo por Marcos. Pero esos sentimientos habían desaparecido, o tal vez nunca fueron reales. Lo había conocido desde los once años, había sido su amigo junto con Luca, pero ahora con casi veinticinco años, todo había cambiado. Ya no veía a Marcos como nada más que un buen amigo.

—Ven, amigo —dijo Luca—. Vamos a dar una vuelta.

—Pero estamos en un tren… —respondió Marcos.

Luca le dio un empujón y, resignado, Marcos salió del compartimento. Olivia le agradeció a Luca con una mirada y ambos le dieron el espacio que necesitaba. Ella volvió a enfocar la vista en el paisaje, observando cómo el mar desaparecía para dar paso a la zona urbana. Apoyó la cabeza contra el respaldo del asiento y trató de dormir lo que quedaba de viaje. Sus amigos la despertaron cuando era hora de bajarse. La universidad siempre había sido un segundo hogar para ella. Pasaba horas dentro de ese edificio, disfrutaba de sus clases y profesores. Este año se concentraría completamente en sus estudios, sin pensar en nada más. El dolor era demasiado grande, y mantenerse ocupada era la mejor forma de lidiar con él. Así que, el primer día, anotó todo lo que los profesores dictaron, hizo preguntas, pidió recomendaciones de lecturas y pasó horas en la biblioteca adelantando tareas y proyectos. Sabía que sus amigos se preocupaban. No se juntaba con ellos en el almuerzo ni hablaba durante los descansos entre clases. Olivia no podía parar, no quería hacerlo. Cuando pasó una semana, ya había completado la primera parte de su proyecto final, había estudiado para el examen del mes siguiente y leído los libros necesarios para la próxima semana.

Ella sabía que debía descansar. No era saludable lo que estaba haciendo. Por las noches casi no dormía, por la mañana se sentía agotada y las comidas se volvían esporádicas. Su mente solo se ocupaba de los estudios. Su amiga, que era un año menor y hermana de Marcos, fue la valiente que la enfrentó.

—No puedes seguir así.

—No puedo —respondió Olivia sin apartar la vista de su libro—. Quiero graduarme con honores, y para eso necesito hacer esto.

—Pero, Olivia…

—Lo siento, me estás desconcentrando —levantó la mirada por un segundo—. ¿Podemos hablar más tarde?

Su amiga se fue sin responder. Olivia sabía que estaba siendo injusta, pero estaba atrapada en un ciclo del que no podía salir. Cada vez que pensaba en sus padres, añadía un libro más a su lista de lectura. Cuando el dolor se intensificaba, pedía trabajos adicionales a los profesores, y cuando sentía que el llanto se acercaba, repasaba lo que había estudiado. A veces se quedaba dormida en la mesa de la biblioteca; otras, apenas llegaba acostarse en su cama. El viaje en tren, que hacía todos los días, era lo peor. No podía apartar la vista del mar que pasaba velozmente por la ventana. Ese era su momento de vulnerabilidad, y trataba de ahogar esos sentimientos con cualquier cosa que pudiera, pero no lograba hacerlo. Sus ojos seguían fijos en el agua que se movía ante ella, y, a pesar de todos sus esfuerzos, no podía dejar de pensar en su dolor.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.