Lo que olvidé de nosotros

Prologo

Estaba en mi coche, un Fiat 500 rosa pastel.

Pequeño y redondeado, con el salpicadero blanco y detalles plateados que brillaban bajo la luz. Olía a vainilla y a algo que ya no sabía si era su colonia; más bien ahora era un recuerdo suyo.

Iba rumbo a mi casa, mejor dicho, a mi antigua casa. Esos últimos meses me había pasado más tiempo en la suya que en la mía. Cosas que hacía una por amor, en fin…

Llevaba lloviendo todo el día; el tiempo parecía un reflejo de mis sentimientos. Esa última conversación me había dejado rota, sin ganas de seguir viviendo. Ese había sido el día. El día en que todo había terminado.

Me había dejado.

Me había dejado después de esos cuatro años juntos.

Me había dejado después de que lo hubiera experimentado todo con él. De que se lo hubiera dado todo. Y aun así, creía que no había sido suficiente. Mi mayor inseguridad: nunca sentirme suficiente con nadie.

Estaba conduciendo lo más rápido que podía para llegar a mi casa.

Quería olvidarme de todo.

Quería olvidarme de él.

Quería olvidarme de ti, Sascha Orzari.

Quería olvidar todos los momentos que había tenido que compartir contigo, todas esas risas, esos lloros, esos momentos inolvidables que había pasado contigo; los quería olvidar. No quería recordar nada más de ti, por todo lo que me habías hecho sufrir esa tarde, por dejarme sin ningún motivo. Por dejarme todo el amor que tenía por ti en las manos.

Sal de mi cabeza de una vez, Zari.

Sin darme cuenta, cada vez iba más rápido, pero estaba destruida; no sabía cómo se salía de eso, o más bien, no sabía si podría seguir adelante después de eso.

El velocímetro subía sin que yo lo mirara.

Ciento veinte. Ciento treinta. Ciento cuarenta.

Las luces se volvieron líneas borrosas. Alguien pitó. No sabía si era por mí. No sabía si me importaba. Me sequé las lágrimas que me resbalaban por las mejillas y las nuevas que se estaban generando en mis ojos, toda esa tristeza que no me dejaba ver un futuro.

No podía dejar de llorar, de pensar en él, cuando de repente… un sonido.

Un sonido que me sacó de mis pensamientos; oí muy a lo lejos muchos coches pitar. El airbag contra mi cara.

Todo se volvió negro. Escuché voces, pero no pude distinguir de quién eran ni de quién hablaban; solo quería que me hablara él por una última vez y que me diera explicaciones de todo.

Oí una ambulancia, pero no la pude ver.

Y luego nada más.

Oscuridad.

Silencio.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.