El día de navidad se acercaba y la supuesta sorpresa de tía Jenna me tenía cada día mas intrigado. Cuando desperté tía Jenna no se encontraba en casa pero me había dejado preparado el desayuno. Para mi sorpresa eran ya las 11.30 de la mañana, creo que hacía años que no conseguía dormir toda la noche seguida hasta esa hora. Comí unas cuantas pastas que había encima de la mesa con un vaso de leche. Después, como no tenía nada que hacer, me senté en el sofá y vi algo que me llamo la atención y que se encontraba en la mesita que había al lado de este. Era el álbum de fotos de tía Jenna. En ese momento recordé que cuando era pequeño y fui un día a casa de mi tía lo cogí pero inmediatamente ella me lo quitó de las manos, en aquel momento, claro, no le había dado mayor importancia, pero ahora la curiosidad me comía por dentro y no pude evitar abrirlo y revelar lo que había en su interior. Tía Jenna aparecía en varias fotos, junto a mi padre cuando eran pequeños, fotos muy viejas, una incluso con mi abuela que nunca llegué a conocer. Pero más adelante hubo una que me llamó especialmente la atención. Allí estaba ella, junto a un hombre joven, de aspecto muy apuesto y con claros detalles de ser adinerado, junto a ellos una niña pequeña. Aquella niña no tendría más de dos o tres años, era muy bajita, tenía el pelo tremendamente rizado, hasta parecía una de esas niñas que se veían por la calle africanas, tenía unos grandes labios al igual que sus ojos y una nariz muy pequeña. Pero lo que de verdad me llamó la atención de aquella foto, a parte de la niña, era el hombre. El hombre era delgado, vestía con un traje muy elegante muy bien planchado y todo limpio, iba repeinado hacia atrás y llevaba un bigote cuanto menos, curioso.
No dejé de mirar la foto durante al menos una hora, la cara del hombre que salía en ella junto a mi tía me resultaba muy familiar pero no sabía de qué. Cuando más centrado estaba en intentar descifrar quién sería el misterioso hombre, tía Jenna entró por la puerta de la casa. Inmediatamente di un salto del sofá dejando el álbum en la mesita donde lo encontré aunque la foto me la quedé yo, total, no creía que tía Jenna mirase el álbum y echase de menos aquella foto en concreto.
Cuando tía Jenna entró a la casa me dio los buenos días mientras yo ya estaba subiendo las escaleras hacia mi habitación, ella me preguntó que donde iba y le dije que simplemente iba a lavarme los dientes al baño ya que no me los había lavado y acababa de desayunar. Obviamente todo era una excusa así que lo que hice fue dejar la foto bajo mi almohada, esperar unos minutos para bajar al comedor y bajar con tía Jenna. En cuanto bajé, Jenna me pidió por favor que le ayudase a preparar la comida, ella sabía que desde pequeño que me ponía a su lado para ver como preparaba la comida, me encantaba la cocina y ahora que estábamos juntos otra vez, no iba a dejar pasar la oportunidad de rememorar viejos tiempos. Entre los dos preparamos una comida exquisita con las verduras que había salido a comprar y unos trozos de carne que habían quedado de la noche anterior. Después de la comida nos sentamos los dos en el sofá, tía Jenna me dijo que me pusiese algo de ropa que por la tarde iríamos a hacer una visita a casa de una buena amiga suya que no había visto desde hacía un tiempo así que, me puse a leer el periódico mientras ella dormía y cuando se despertó nos vestimos y partimos en el coche de tía Jenna hacia Brooklyn, donde vivía la amiga de mi tía a la que íbamos a visitar. Pasamos el gran puente de Brooklyn, era increíble, había vivido durante toda mi vida en Nueva York y había pasado unas cuantas veces por dicho puente pero nunca, por más veces que pasase, me dejaba de impresionar la grandeza y la magnitud de dicha obra, que para mi, era una obra de arte. Los laterales del puente estaban llenos de turistas, la mayoría de ellos europeos que por la pinta que tenían, no se les veía cara de que les faltase mucho dinero sino más bien al contrario. �
Lo que oyen los grillos por Juan Antonio Montoya.pdf
En unos minutos llegamos al 84 de Tilden Ave, donde vivía dicha señora. Nos recibió con gran cariño y afecto, se notaba que hacía bastante tiempo que no se veían y que en un pasado habían sido grandes amigas. Nos recibió en su comedor, se trataba de una señora con el mismo poder adquisitivo que mi tía, tenía hasta criados a su servicio en la gran casa en la que vivía. Ella era una mujer de una estatura media, delgada, al parecer bastante desgastada por los años, tenía los ojos claros como el cielo de una mañana de invierno y una boca con dientes irregulares acompañada de una nariz en forma de gancho, presentaba el cabello rubio pajizo y llevaba gafas. Una vez sentados en la gran mesa de aquel gran comedor que probablemente haría como dos pisos como en el que yo vivía mandó a sus criados traer una taza de té para cada uno, los muebles del comedor eran antiquísimos pero no le daba a la casa una imagen de vieja sino un aspecto rural que agradaba, la mujer tenía cuadros con imágenes de grandes praderas y de familiares suyos, al fondo del todo del comedor había un televisor, cosa que en muy pocas casas se veía, ni siquiera tía Jenna tenía una, aunque he de decir que no es porque no pudiese sino porque nunca le había llamado la atención aquel aparato, su opinión respecto a aquello era que aquel aparato llevaría a la ruina a todo el mundo, yo siempre había creído que ello había sido un gran avance pero nunca le había llevado la contraria porque en gran parte podía entender que aquellos nuevos avances que se iban haciendo la asustasen en cierto modo.
Se pasaron en aquella casa las horas y ya era casi de noche, por lo que tía Jenna se despidió de su amiga al igual que yo, nos subimos en el coche y volvimos a casa. Aquella noche yo no cené ya que me había sentado mal el té aunque yo creo que lo que me había sentado mal era la cantidad de comida que en 24 horas me había metido al cuerpo ya que no estaba acostumbrado a comer tanto y tan seguido.
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Salí de la casa para ir a pasar la tarde con Frank, estuvimos charlando sobre dónde íbamos a pasar la navidad, que era al día siguiente, me contó que había conocido a una chica Martha, en realidad ya la conocía desde hacía mucho tiempo y yo ya le había notado que le gustaba porque todos los días que nos veíamos en algún momento aparecía ella en alguna conversación, pero hasta ese momento nunca había ido más allá, me contó que Martha lo había invitado a pasar con ella la navidad ya que sus padres habían ido de viaje a Europa y a ella no le quedaba nadie de su familia en la ciudad así que la pasaría sola. Frank aceptó la propuesta y a decir verdad fue una noticia que me alegró profundamente ya que días atrás no había parado de pensar en que sería de él en navidad. Llevaba en un bolsillo de mi pantalón la foto que me había llamado tanto la atención del álbum de tía Jenna para enseñársela a Frank para ver si juntos podíamos resolver el misterio de quién era el misterioso hombre que estaba junto a mi tía.