Aquella noche apenas pude dormir.
El pequeño papel con la dirección de Caroline permanecía sobre la mesita de noche junto a mi cama como si fuese una especie de objeto sagrado.
Lo leí una y otra vez.
Hewitt Ave, 534, Sunnyside
Nunca había estado en aquel barrio.
Era uno de esos lugares donde vivía gente que tenía dinero suficiente para permitirse tranquilidad.
Yo, en cambio, llevaba toda mi vida en calles donde la tranquilidad era un lujo extraño.
Me levanté varias veces durante la noche con la intención de escribir la carta.
Pero cada vez que me sentaba frente al papel en blanco, las palabras desaparecían.
¿Cómo se le escribe a alguien que te ha cambiado la vida en apenas unas horas?
Finalmente, cerca de las tres de la madrugada, lo conseguí.
Escribí despacio.
Con cuidado.
Borrando muchas veces.
Cuando terminé, la carta decía:
"Querida Caroline,
No estoy seguro de si debería escribirte o si quizá la noche de Navidad fue solamente uno de esos momentos que la vida nos concede una sola vez y que no deben repetirse.
Sin embargo, desde aquella noche no he dejado de pensar en nuestra conversación junto a la chimenea.
Me gustaría volver a verte.
Si tú también lo deseas, estaré encantado de encontrarte donde tú prefieras.
Con todo mi respeto,
John."
No era una gran carta.
Pero era sincera.
A la mañana siguiente la envié.